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Crítica de «Sacramento» (****): Inteligente cruce entre Buñuel, Berlanga y Kafka

Una comedia irreverente de varios hilos narrativos, todos ellos con el cable pelado y cortocircuito al contacto. Una invitación a la perplejidad y todo un ceremonial de inteligencia y mala leche

Día 21/07/2016 - 21.30h

Tras «Queridísimos intelectuales» y «La cámara lúcida», películas abrasivas tocadas de frescura, transgresión y sarcasmo, el insólito Carlos Cañeque estrena «Sacramento», quizá el cierre de una trilogía que comenzó en documental, siguió en docuficción y que ahora se ha transformado en una comedia irreverente de varios hilos narrativos, todos ellos con el cable pelado y cortocircuito al contacto.

Puro estilo Cañeque en el fondo y en la forma, que insiste en sus figuras blanquinegras aplastadas contra el croma colorido. En cuanto al contenido, pura corrosión religiosa, política, sexual, cultural y en un territorio confuso y jocoso entre Buñuel, Dalí, Berlanga y Kafka. La gracia del cine de Cañeque es que construye muy bien cultivados a sus excéntricos personajes (de los cuales, él mismo interpreta a varios), con textos realmente buenos y reflejo de las mejores lecturas, y hablan de religión, o de creencias, filosofías y moral sabiendo de lo que hablan, con intención culta aunque con una sorna y desparpajo enormemente divertidos y destructivos.

Todo en la película es singular, especial, insólito, inteligente y, en ocasiones, descacharrante? El hilo conductor de la historia es el propio director, Carlos Cañeque, y sus dudas y soliloquios poniendo en pie el guión de la película, con tres curas distintos que interpreta él mismo, un telepredicador, un cura andaluz y un cura castizo, el padre Nazario, un «Nazarín» que suelta letanía amenazante con un cayado en la mano y que se encuentra en el camino con un Napoleón que interpreta Fermí Reixach, y el contrapunto a esta espiritualidad, está el personaje de «Juanito» (Toni Corvillo), un hombre seductor que le habla a sus conquistas de Hegel, de Gaudí, del golf o de la caza en África con apasionamiento y desvergüenza? «Sacramento» es una invitación a la perplejidad y todo un ceremonial de inteligencia y mala leche.

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