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Crítica de «Sunset Song» (***): Qué dorado era mi valle

Terence Davies sigue siendo un valor seguro del cine británico. Incluso aun cuando, como es el caso, adapta una novela que es todo un clásico de la literatura escocesa

Día 21/07/2016 - 21.33h

Terence Davies sigue siendo un valor seguro del cine británico. Incluso aun cuando, como es el caso, adapta una novela que es todo un clásico de la literatura escocesa y debe encorsetarla a su tan reconocible y riguroso sistema formal, hecho de planos secuencia frontales, de prolongados silencios plagados de gritos reprimidos, de canciones que son como una pirotecnia de sentimientos que sólo pueden expresarse con una terapia de karaoke? Lo curioso es que encontramos aquí personajes muy similares a los de las películas que labraron su fama desde aquella inaugural Voces distantes que nos dejó? sin voz: un padre patrone que encarna todo el poder no cuestionado (estamos en 1910) del patriarcado, encarnado por un Peter Mullan que corre riesgo de convertirse en un avatar de Omero Antonutti; o unos hijos, sus víctimas, que solo pueden ofrecerse el consuelo de una muda complicidad. El rostro luminoso de Agyness Deyn, la protagonista, va a convertirse en un icono sufriente por el que pasa toda nuestra experiencia de una trama que Davies ha despojado de lo novelesco para traerla a su terreno de música de cámara; precisamente uno de los pocos errores de cálculo de la función es su intento de visualizar un episodio de la primera gran guerra (la del 14). Pero es una falta muy leve cuando uno apunta en su haber los numerosos momentos de belleza visual de una de las películas más hermosas (no «bonitas»), más fordianamente hermosas de esta década.

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