ABC.es

HoyCinema

patrocinado por .
«El caso Fischer» (***): Correcta biografía inabarcable

«El caso Fischer» (***): Correcta biografía inabarcable

La trama avanza a buen ritmo y transmite la emoción de un juego tan estático. Incluso esboza la presión psicológica y el monumental choque de egos

Día 12/08/2016 - 13.28h

Puede que «En busca de Bobby Fischer» sea la mejor película de ajedrez desde Bergman, que en realidad remitía a otros asuntos. Pero al contrario que la pequeña joya de Steven Zaillian, que «solo» seguía a un prometedor muchacho, «El caso Fischer» sí ataca por fin la vida del mito. Edward Zwick culmina así una búsqueda de décadas con rigor y oficio, aunque su persecución no es menos quimérica que la del capitán Ahab.

La cinta comete un par de errores estratégicos. Mientras Liev Schreiber dibuja un convincente Boris Spassky, el héroe ruso condenado a caer en desgracia, y Peter Sarsgaard sorprende en el papel de William Lombardy, fraile ajedrecista y único escudero del futuro campeón, la elección del protagonista es más discutible. Tobey Maguire es buen actor, pero no da la talla (cuestión de centímetros) y sus esfuerzos mímicos no compensan las disonancias físicas. Recuerda a Will Smith batiendo los brazos en pos de Ali.

El segundo paso en falso es la elección del periodo analizado. El final coincide con un punto de inflexión, pero deja fuera el misterio, el mutis legendario y la decadencia mental posterior. También se escapa la grandeza del rival, lo más opuesto a un villano al uso, inmenso personaje desaprovechado.

A Zwick se le nota en cambio la voluntad del rigor hasta en la forma de coger las piezas; apenas comete imprecisiones menores. La trama avanza a buen ritmo y transmite la emoción de un juego tan estático. Incluso esboza la presión psicológica y el monumental choque de egos, el fervor de un público que en realidad no entiende nada.

Mención aparte merece la mutación genética de los «biopics» modernos, destructivos y desmitificadores. Este subraya en exceso la paranoia del americano. Sus planos desenroscando teléfonos en busca de micros son cansinos. Pese a las ausencias, subsanables con el libro de Fran Brady, la historia es apasionante y está bien entreverada con algunas escenas documentales. El resultado es una buena aproximación a un asesino del tablero que, en última instancia, se confesó un perdedor en el juego de la vida.

Comentarios