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Crítica de «Cazafantasmas» (**): Sábanas limpias

Crítica de «Cazafantasmas» (**): Sábanas limpias

Son mujeres, los espectros se han sofisticado y las armas para combatirlos ya no parecen extintores camuflados. A cambio, los efectos especiales repiten y parece una película de superhéroes

Día 12/08/2016 - 13.28h

Hay películas cuya campaña de marketing hace innecesaria una crítica. Ocurrió hace 32 años y el fenómeno se repite ahora, con la ventaja de la evolución sexual y tecnológica. Las cazafantasmas de 2016 son mujeres, los espectros se han sofisticado y las armas para combatirlos ya no parecen extintores camuflados. A cambio, los efectos especiales repiten y el clímax no es muy distinto del de cualquier película de superhéroes.

La buena noticia por delante: si los espectadores disfrutaron del original (y fueron millones), es muy posible que vuelvan a pasarlo en grande, con el ajuar renovado y las sábanas limpias. Pero si ya entonces pensaron que la conjunción de talentos estaba por encima de las posibilidades del guión, es probable que repitan el juicio. En esta época de saltos nostálgicos de tres décadas, hay quien se gira en busca de Spielberg y «Cuenta conmigo» para descubrir «Stranger things», la serie del momento, y quien prefiere recordar la pegadiza canción y el logo genial con que los «ghost busters» invadieron el planeta en 1984. Ahora pueden ver este taquillazo garantizado, en plena veda de pokemons.

Las cazafantasmas modernas no carecen de virtudes. Las chicas son guerreras y contratan como secretario a un tontaina buenorro (estupendo cómo se ríe del arquetipo Chris Hemsworth) en una oportuna inversión de papeles. Entre homenajes, guiños y reapariciones más o menos espectrales, cabe aplaudir también el despliegue de rostros conocidos. El premio al momento más divertido, es solo una opinión, se lo lleva Andy García cuando se indigna al ser comparado con el alcalde de «Tiburón», aunque tiene guasa que las cazafantasmas usen como combustible un título del maestro.

Las actrices son otro factor esencial de este previsible éxito. La conocida vis cómica de Kristen Wiig y Melissa McCarthy se complementa sin chirridos con el talento de Leslie Jones y Kate McKinnon, ambas salidas también de la inagotable cantera de «Saturday Night Live».

En fin, no es difícil encontrar excusas para apreciar esta secuela sorprendentemente tardía. Se nota, para bien y para mal, que han tenido tiempo de pensar en la triunfal reaparición, pulir detalles y reconquistar al mismo espectro de público.

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