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Crítica de «Nunca apagues la luz» (**): Fantasmas con muy mala sombra

Crítica de «Nunca apagues la luz» (**): Fantasmas con muy mala sombra

Algunas escenas que están en la frontera del absurdo las subsanan con cierta dosis de humor oculto

Día 18/08/2016 - 16.44h

Las películas de miedo dan miedo. Nos explicamos: miedo de por sí y miedo de que resulten tan banales que acaben siendo ridículas. Esta tiene un poco de ambos, aunque anda mucho más cerca de lo primero que de lo segundo puesto que algunas escenas que están en la frontera del absurdo las subsanan con cierta dosis de humor oculto. Y de oculto hablamos: un fantasma que se mueve en la oscuridad pero que a pesar de ser fantasma te mete las garras entre pecho y espalda y con los pinchos te has quedado por muy fantasma supuestamente etéreo que sea.

El filme, dicho está, da miedo, si bien todos los trucos que maneja para ello sean tan convencionales que deja la película en un plano solamente discreto. A pesar de todo, el ritmo es casi vertiginoso (no ha pasado ni un minuto y ya están las sombras metiéndote de todo en el cuerpo menos salud) y hay cierta solidez en el relato. En este aspecto recuerda en su base a aquella espléndida «Reflejos» (2008) donde el bueno de Kiefer Sutherland se las tenía tiesas tapando espejos. Pues aquí lo mismo pero evitando sombras. Pasarán un buen rato, perdón, un muy mal rato, pero ya saben aquello de que sarna con gusto...

Dirección: David F. Sandberg. Con: Teresa Palmer, María Bello, Gabriel Bateman

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