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«La estación de las mujeres» (***): Esto no es Bollywood

«La estación de las mujeres» (***): Esto no es Bollywood

La directora Leena Yadav completa una película india atrevida y polémica sobre la violencia machista que impera en su país

Día 20/08/2016 - 19.06h

Pocas cosas hay tan sanas como ver de cerca (el cine nos deja a cierta distancia, pero es mucho mejor que la ignorancia absoluta) la vida de otros seres humanos, sobre todo si pertenecen a culturas tan lejanas como la India rural. Por un lado, nos permite comparar y comprobar lo afortunados que somos. Por otro, nos presta una mirada para mirarnos con otras gafas, las de ver defectos de cerca, porque ninguna sociedad está exenta de ellos. «La estación de las mujeres» nos lleva a un pequeño pueblo del estado de Gujarat, donde sus cuatro protagonistas lidian con las anacrónicas costumbres locales, que el macho dominante ni pone en cuestión, por supuesto. Bastante ocupado está en pegar y violar, o en cerrar bodas amañadas entre niñas de quince años y sus futuros propietarios, que a menudo son perfectos (es un decir) desconocidos. Este paisaje ya nos lo han enseñado antes, o eso pensamos, pero la letra pequeña se hace insorportable, pese a que la película es casi siempre un canto alegre por la liberación femenina y no pretende ser escabrosa ni convertirse en una obra de denuncia.

En su país de origen, la cinta ha encendido la polémica, algo comprensible, porque choca la forma tan frontal que tiene de contar los hechos. También sorprenden su lenguaje y su aperturismo sexual. Leena Yadav nos deja mirar detrás de las cortinas, escuchar conversaciones privadas y saber de verdad cómo viven las víctimas de una sociedad tan retrógrada en muchos aspectos. Se aborda inlcuso un asunto como la prostitución y se demuestra que el fuego amigo es con frecuencia el más abrasivo. Alguno de los personajes femeninos suelta frases como «Las chicas que leen son malas esposas» y «Aprende a complacer a tu marido».

Uno de los aciertos de la directora es que despoja de matices religiosos las tradiciones de su pueblo. Tampoco se concentra en la la inevitable veta pedagógica, al menos para el espectador occidental. Sus mejores momentos llegan con la espontaneidad y las buenas interpretaciones de sus actrices. Siempre produce alegría ver a un grupo de mujeres divertirse. Alguno recordará otra excelente película reciente, la franco-turca «Mustang», aunque aquí las protagonistas pertencen a otra generación y los opresores no son los padres, sino los maridos.

A la cinta le falta quizás un argumento más redondo y una puesta en escena más atrevida. El valor no solo se le supone y el impacto dramático está asegurado, pero al relato le sobra simpleza y los medios tampoco permiten espectaculares alardes. En algún momento le falla el paso y por tanto su eficacia, que pese a todo es alta.

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