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Crítica de «Café society» (****): Feliz y triste juego sobre las bromas inquietantes del amor

Crítica de «Café society» (****): Feliz y triste juego sobre las bromas inquietantes del amor

Woody Allen clava el estilete con el sadismo de Jack y con la gracia de un gaditano en su retrato del viejo Hollywood de los años treinta

Día 26/08/2016 - 13.36h

Hay que ser realmente complicado, como Woody Allen, para lograr expresarse con tanta sencillez como él lo hace y contar esta historia rebosante de vitalidad y feliz fascinación sin que apenas se note que está atravesada por un flechazo de tristeza.

Todo es feliz y fascinante en su retrato de aquel viejo Hollywood de los años treinta empapado de fina banalidad al que contrapone uno aún más instructivo, o atractivo, del Nueva York del jazz, la copa helada y la frase ardiente (ya saben, lo que en Hollywood son piscinas, en Nueva York es sarcasmo)?, un territorio, el de la frivolidad social y el de la fruslería artística y cultural, en el que Woody Allen clava el estilete con el sadismo de Jack y con la gracia de un gaditano.

Pero todo eso, fantástico, divertido y brillante, es sólo el ropaje de algo realmente provocador, simple pero inquietante, que nos quiere contar, y que además está disimulado con las lentejuelas del tópico: una historia de amor (quizá mejor, una no historia de amor) con las esquinas limadas por el paso de la vida, el peso de las aspiraciones, el poso de la melancolía al reconocer que ese no fructificar del amor no te impide ser «feliz», que los personajes pueden ir por su «mejor» camino mientras que la pasión perdida va por otro?

Y Woody Allen consigue filmar el pensamiento romántico en su escapada nostálgica y ensimismada tras el sentimiento amoroso, que está en otro lugar, y atrapa el mágico momento sin darse importancia este director octogenario que lo sabe todo, incluido el no caer ni un solo instante en la blandura o la flacidez. El protagonista, Jesse Eisenberg, está impregnado del tufillo Allen, de su traza, de su percha, de su confusión inteligente entre la felicidad y el amargor, y frente a él, sublimada en una mezcla de vulgaridad y encanto, Kristen Stewart, la almendra que pela esta historia tan divertida, tan espumante y, en el fondo, tan taciturna y triste.

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