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Crítica de «Blood Father» (**): Purgar los pecados

Mel Gibson se ha metido de refilón en este thriller que quiere ser algo parecido a la espléndida «Payback» (1999), pero que se le queda muy abajo, casi rozando un filme de serie B

Día 09/09/2016 - 09.58h

Mel Gibson cayó en desgracia en Hollywood no por lo que era (dicen que borracho, infiel y hasta maltratador), sino porque engañó a todo el mundo intentando aparentar que era lo contrario. Y eso irritó a la gente que le desterró del supuesto paraíso. Desde entonces Gibson va lamiéndose las heridas detrás de la cámara, donde le va bastante mejor que delante, pues no para de conseguir laurel tras laurel.

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Ahora, casi a hurtadillas, sin hacer mucho ruido por si se enteran los de arriba, se ha metido de refilón en este thriller que quiere ser algo parecido a la espléndida «Payback» (1999), pero que se le queda muy abajo, casi rozando un filme de serie B.

La trama es una paradoja pues habla de la redención de un padre que quiere asemejar a la redención del mismo Gibson, tan dado él a la religión. Lo cierto es que no hay nada original en el filme a no ser la clara demostración de que el actor sigue teniendo gancho y carisma para empatizar con el espectador. Él, y el siempre solvente Diego Luna, son lo más salvable de una película que tiene un montón de cliches y topicazos difícilmente digeribles, a pesar de su correcto envoltorio.

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