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Crítica de «Juego de armas» (***): Del resacón a la cogorza

Tiene, sobre todo, intenciones de fábula moral contra el negocio de la guerra, el cachondeo de la venta de armas y el cada vez más indigesto sueño americano

Día 09/09/2016 - 09.58h

Puesto que la ha dirigido Todd Phillips, el de los «Resacones» por medio mundo, y puesto que salen en ella sus «pin y pon» favoritos, Jonah Hill y Bradley Cooper, hay que admitirle el ramalazo de comedia a «Juego de armas», aunque lo cierto es que tiene más intenciones de fábula moral contra el negocio de la guerra, el cachondeo de la venta de armas y el cada vez más indigesto sueño americano.

El protagonista es Milles Teller (el magnífico batería de «Whiplash»), tan pacifista como su novia (Ana de Armas?, tomar), que se ve envuelto en una merecida pesadilla al asociarse con su amigo de la infancia, el gordito, simpático y cínico repugnante Jonah Hill, en el lucrativo ejercicio de intermediar en la compra de armamento y munición entre el ejército estadounidense, que algo de necesidad tiene, y la fauna que hay por el mundo dispuesta a venderlos.

Hay cierta gracia y acidez en la presentación de personajes y detalles de la trama, y más seriedad y reflexión en todo el entrelineado acerca de cómo, por qué y por quiénes se mezcla política, negocio, ideología y guerra, pero los mejores momentos salen de esa boca de hacha de Jonah Hill, un tipo con risa de comadreja y un cerebro como la rueda de un afilador.

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