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Crítica de «Masaan» (***): En la orilla del Gange

La película trata de la asfixia moral, social y económica, de la presión increíble de las tradiciones, del clasismo y el escalón inescalable entre castas

Día 09/09/2016 - 09.58h

Por muy peliculera que suene la frase, no hay ninguna más adecuada que la que no se dice al final de esta notable película india: «¡Qué largo y qué difícil camino hemos tenido que recorrer para llegar hasta aquí!». El inventario terrible de los pasos de ese camino es lo que cuenta en su primera película Neeraj Ghaywan, con la historia paralela de dos personajes, de su situación personal y crítica junto a sus familias, que viven en ese barrio dantesco, tan infernal como de santuario, a orillas del Ganges donde día y noche se incineran los cadáveres tal y como obliga la tradición y la religión hinduistas. De eso trata la película, de la asfixia moral, social y económica, de la presión increíble de las tradiciones, del clasismo y el escalón inescalable entre castas, pero también, y silencioso, el raro respeto a todo lo limpio y sucio de lo que es metáfora el río. El arranque es demoledor para los ojos «occidentales», con la joven Devi atrapada junto a un hombre en plena violación de las leyes religiosas, y sus sorprendentes consecuencias. Todo está contado con enorme miramiento, con desgarrado realismo, precisión en lo tenebroso de la historia y el paisaje, y también con sentimiento y ardor romántico.

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