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Crítica de «El principito» (***): El piloto de la ilusión

Esta nueva versión, que nadie ha pedido por otra parte, respeta el espíritu que no la letra del original

Día 09/09/2016 - 09.57h

De nuevo (después de Heidi, Mowgli, Tarzán, Zipi y Zape?) volvemos a enfrentarnos a una adaptación de una historia que nos sabemos de memoria y que además puede contarse entre nuestras favoritas, por lo que la situación es de alerta máxima ante el riesgo de profanación. Falsa alarma pues esta nueva versión, que nadie ha pedido por otra parte, respeta el espíritu que no la letra del original.

Es una obra de animación y los expertos en esas cuestiones sabrán apreciar las virguerías técnicas en juego, por ejemplo la diferencia entre el mundo real de la niña protagonista (que a mí me trajo ecos del futurismo disfuncional de Jacques Tati en «Mi tío» y «Playtime») y el mundo sideral onírico y necesariamente naif del principito.

¿He dicho niña? Lo que vemos, ojo, no es una versión literal de St. Exupery sino una prolongación, una metaficción como se diría ahora: la niña conoce a un piloto viejo que añora con melancolía su antigua amistad con el rubio querubín que vive en una estrella «de menú»? y lo que se nos cuenta es el intento de relanzar esa conexión mágica. Añoranza y melancolía, como las que ensayó Spielberg en un ejercicio similar con el capitán Garfio pero con resultados mucho menos cercanos al encanto del original.

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