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Crítica de «Tarde para la ira» (****): Tiempo y destiempo de venganza

En su primera película como director, el actor Raúl Arévalo derrama un estilo propio pero empapado de un lingotazo de furia y frescura que recuerdan a algunos directores con los que ha trabajado

Día 08/09/2016 - 22.12h

En su primera película como director, el actor Raúl Arévalo derrama un estilo propio pero empapado de un lingotazo de furia y frescura que recuerdan a algunos directores con los que ha trabajado, como Alberto Rodríguez o Daniel Sánchez Arévalo, así como de una gramática y una prosodia de bajos fondos para expresar con algo parecido al humor las más profundas e intensas pasiones. Es un cine de descripción seca, sucia y que la imagen desgrana con voracidad narrativa, en la que cada personaje, cargado de fatalidad, lanza a la pantalla esa moneda con la que se piden los deseos: una cita con la venganza del taciturno José, una pizca de futuro para la superviviente Ana y su hijo, una fecha para salir de la cárcel del pisacharcos Curro y tener una oportunidad para darle ese futuro?, personajes escritos con gran precisión de muñeca e interpretados con mucha dureza de físico y de alquimia por Antonio de la Torre, Ruth Díaz y Luis Callejo? Todo ocurre en esquinas y esquinado, sean las de un bar de barrio o sean las de unos arrebatos embadurnados de desesperación. La trama de «Tarde para la ira» funciona en todos sus pliegues, y tiene varios, de «thriller», de «western», de intenso drama, y funciona en su primer término y en su multicromado y drástico fondo (qué actores y qué situaciones, especialmente la insuperable del gimnasio y la trastienda de boxeo), pero, por encima de todo ello, y sin tal vez pretenderlo tan a fondo, Arévalo advierte y propone ideas muy poco dóciles acerca de cómo, cuándo y hasta cuándo se ajustan las cuentas con los verdugos que te han convertido en víctima, y el itinerario del argumento y de los personajes te invita a tener una idea, una posición sobre ello (entre el hazlo y el ya basta); lo cual, si se traslada al caso del viejo terrorismo, más que poco dóciles podrían considerarse altamente subversivas. Tal vez el «tarde» del título no se refiera a una parte del día sino a un tiempo ya a destiempo.

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