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Crítica de «Bridget Jones Baby» (***): Soltera molona

No podíamos dejar a Bridget suspendida en el limbo, convertida en una solterona molona pero triste, solitaria y finalmente destinada a morir y ser devorada por una mascota hambrienta en su pequeño apartamento londinense

Día 16/09/2016 - 10.57h

¿Era necesaria? Es esta una pregunta esencial ante cada nueva entrega de una franquicia, más allá de engordar el libro de cuentas de los productores. En este caso, sí, pues completa un ciclo vital lleno de lógica: no podíamos dejar a Bridget suspendida en el limbo, convertida en una solterona molona pero triste, solitaria y finalmente destinada a morir y ser devorada por una mascota hambrienta en su pequeño apartamento londinense. Así la encontramos al principio de esta tercera entrega, como al comienzo de la primera, y antes de saber cómo saldrá del hoyo, se nos plantea la segunda pregunta. Es también cosa de cuentas: hace 12 años de la segunda entrega, ahora Bridget tiene 43, pero la actriz Renee Zellweger (que tiene muy poquitos más) lleva 6 años sin hacer cine y hace poco las redes sociales se cebaron en ella por una desastrosa operación de cirugía estética: el mundo 2.0 es así de cruel pero el hecho es que la expectación ante este regreso parecía la crónica de una lapidación anunciada. Pues no suframos más, Renee está estupenda: distinta, eso sí, pero menos, ejem, estirada que su compañero de reparto Colin Firth, quien seguro que no tendrá que escuchar ese tipo de comentarios.

Pero ¿y la película?, me dirán, como si no estuvieran con la piedra (de lapidar) preparada. Pues bastante bien, gracias -quiero creer- a un guión co-escrito por la estupenda Emma Thompson, que se reserva un fantástico papel de ginecóloga que sigue todo el proceso del baby de esa «embarazada geriátrica». La causa del embarazo -tengo que explicároslo todo- es que Bridget ha pillado cacho no con uno sino con dos apuestos varones y no sabe quién es el padre. Este giro de guión a lo Mamma Mia no es lo más original de la secuela pero propicia unas cuantas secuencias de comedia y, sobre todo, una curiosa relación entre los dos presuntos padres: Firth da un giro de tuerca al orgullo y prejuicio de su Mr. Darcy, sin llevarlo del todo a la caricatura, y Patrick Dempsey borda ese tipo de principe azul de la vida real que sólo parece habitar en las comedias románticas. Lamentamos anunciar que no sale Hugh Grant, a quien se despide en un funeral calcado, en versión softcore, del que expulsó a Charlie Sheen de «Dos hombres y medio». Tampoco ocupan mucho espacio en esta ocasión los amigos de Bridget pero a cambio ganamos una compañera de trabajo y una jefa-insoportable que son los perfectos secundarios de comedia. Y gracias a que Renee no ha perdido su raro talento de payasa, Bridget preside la función con toda la dignidad posible, aunque sea pasando una indignidad tras otra.

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