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Crítica de «Suburra» (***): El ciclo eterno del poder y la muerte

Armas, dinero y drogas son el combustible de una violencia seca, brutal, un páramo donde el amor no mercenario casi ni se recuerda

Día 16/09/2016 - 10.58h

Con la excusa de la construcción de una Eurovegas en Roma, seguro que les suena, Stefano Sollima anticipa su nueva serie de televisión, prevista para 2017. El director, conocido en el medio por la excelente «Gomorra» (no la película), articula su relato alrededor de tres pilares: Estado, mafia y Vaticano, aunque este último figura apenas como sutil telón de fondo, casi invisible. Suburra es un suburbio de la ciudad, escenario de la degradación moral y de la muerte, un goteo constante que no hace falta subrayar. Armas, dinero y drogas son el combustible de una violencia seca, brutal, un páramo donde el amor no mercenario casi ni se recuerda.

El ritmo no es el fuerte de la cinta, pretenciosa o ambiciosa, según se mire. Que se note la intención ya es mala señal. Tampoco hay un solo personaje al que agarrarse, salvo uno, impensable, por el que el espectador llega a preocuparse durante un instante. Es la magia del cine, su fascinante doblez moral. La trama, desoladora, no ofrece en realidad grandes emociones. Casi la única es una votación parlamentaria, con una incertidumbre que nuestros políticos deberían experimentar.

Las miserias del poder se desnudan, con sus personajes intocables, o que creen serlo. Una frase los pone en su sitio: «Si hay nuevas elecciones, buscamos a otro político, quizá en otro bando». Son muñecos intercambiables, en una espiral de venganzas, el ciclo sin fin del poder. Desesperanzador.

Dirección: Stefano Sollima. Con: Pierfrancesco Favino, Elio Germano.

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