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Crítica de «Captain Fantastic» (***): Cuando todos tienen razón y no la tiene ninguno

La segunda película de Matt Ross después de «28 rooms» está apuntalado por dos sólidos anclajes: Viggo Mortensen y esa idea basada en una especie de «La costa de los mosquitos»

Día 22/09/2016 - 22.51h

Estamos ante la segunda película de Matt Ross después de «28 rooms» y ha elegido para ello dos sólidos anclajes para apuntalar su continuidad en este campo. El primero es Viggo Mortensen, apuesta segura y fiable en cuanto a encarnar cualquier tipo de personaje. El segundo es la idea en sí: una especie de «La costa de los mosquitos» en la forma, pero totalmente diferente en el fondo, con una trama que habla del aislamiento ante la suciedad y fealdad de la sociedad en la que vivimos. Un lejos del mundanal ruido donde un padre intenta formar a sus hijos (seis nada menos) alejados de la corrupción diaria y del veneno que desprende cualquier convencionalismo social.

Pero Ross va más allá: lo que parece una fábula antisistema va rotando con habilidad cuando la familia ha de abandonar su «paradisiaco» lugar y viajar a la urbe, en la misma boca del lobo que, por cierto, tiene comillos bien afilados. En esas fauces, el personaje de Mortensen (impecable su transitar del extremismo al nivel medio expresándolo todo), va mutando y la fábula se convierte en moraleja: cualquier extremo, aunque las intenciones sean las mejores, es malo y, probablemente, en el término medio esté la virtud. Un viaje antisistema que evidencia que con la comunicación y el saber escuchar se puede llegar, esta vez sí, al fin del mundo.

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