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Crítica de «El gruñón» (**): El suegro que vino del frío

El protagonista es, de nuevo, un marginal; pero como es un viejo cascarrabias al que se le paró el reloj en la posguerra del 45, es fácil ponerse del lado de su hijo y nuera

Día 22/09/2016 - 21.41h

Finlandia se colocó en el mapa del cine gracias a Aki Kaurismaki y desde entonces pensamos que allí sólo hay perdedores estoicos, vodkeros, proletarios y un poco autistas (¿pensarían los cinéfilos del mundo que aquí somos mustios-coléricos como los personajes de Saura en los 60, o metropolisexuales como los de Almódovar en los 80?). «El gruñón» completa un poco el panorama: el protagonista es, de nuevo, un marginal; pero como es un viejo cascarrabias al que se le paró el reloj en la posguerra del 45, es fácil ponerse del lado de su hijo y nuera, que le sufren cuando se viene a su casa de Helsinki para reponerse de una caída. Estoy seguro de que Paco Martínez Soria hizo una o tres películas con la misma premisa (ningún cinéfilo extranjero las conoce, por suerte) pero allí los dados estaban cargados a su favor.

En el caso de este suegro venido de la tundra, el punto de vista es más equilibrado, aunque la película, y el actor, consiguen de nuevo uno de los milagros del cine, cuando está bien hecho: ponernos en los zapatos de un personaje «imposible», como este triste, solitario y finés.

Dirección: Dome Karukoski. Con: Antti Litja, Kari Ketonen.

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