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Crítica de «Neruda» (***): El detective y el poeta

Es un placer ver las libertades que se toma Larraín con la figura de Neruda, poeta, senador y, en la época en que tiene lugar la acción

Día 22/09/2016 - 22.52h

No hay género más cansino y previsible que el «biopic», siempre handicapado por el respeto a la figura ilustre que retrata y porque la Historia real no siempre da para una buena historia de cine. Por eso es un placer ver las libertades que se toma Larraín con la figura de Neruda, poeta, senador y, en la época en que tiene lugar la acción, el comunista «dorado» más famoso del mundo, junto a Picasso. La licencia consiste en inventarse un policía que le persigue por orden de Videla, a quien Neruda critica por plegarse a la presión de Washington (estamos en 1948 pero Larrain muestra en un fino apunte a un joven Pinochet, ya con vocación carcelera).

El Neruda de Larrain, y de un pedazo de actor llamado Luis Gnecco, no es ejemplar, o sí, según: hedonista y mujeriego (putero incluso, aunque esas son las escenas que más sobran de todo el metraje), aburrido de tener que decir sus versos (?más tristes esta noche) cada vez que se halla en público, pero también dotado de genuina simpatía por los desfavorecidos. Gnecco le otorga gravitas, sin incurrir en el «escorzo» del que se sabe grande: un modo ejemplar de entender el personaje y de entender que, más que él mismo, lo que contaba era el efecto galvanizador que producía recitar sus palabras.

Pero el toque maestro es ese detective, un soberbio Gael García Bernal, que acosa al «rojo estafador» pero sin despreciarle del todo, no siendo inmune al efecto de su poesía. Suya es la voz en off que describe la persecución y la forma en que (nos) habla nos da la pista: ese discurso florido y un pelín redicho? no puede ser otra cosa que una creación literaria. Genial intuición: todo lo que toca un hombre de letras se convierte en literatura. El poli es una creación más de Neruda, figura ficticia que comprende que su única forma de ser inmortal es? haber perseguido al poeta. Una forma de metaficción que acerca el relato del lado de Borges.

Dirección: Pablo Larraín. Con: Luis Gnecco, Gael García Bernal.

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