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Crítica de «Historia de una pasión» (***): Río de soledad, mar de talento

Si alguien estaba capacitado para hacer un biopic de una mujer tan compleja como Emily Dickinson, ese es Terence Davies, maestro a la hora de retratar sensibilidades, emociones internas

Día 07/10/2016 - 08.49h

Si alguien estaba capacitado para hacer un biopic de una mujer tan compleja como Emily Dickinson, ese es Terence Davies, maestro a la hora de retratar sensibilidades, emociones internas (y externas), un director lleno de clase para reflejar el talento. Dickinson, una de las poetisas universales, tuvo una vida extraña, recluida en su casa desde muy temprano, oprimida por el fervor religioso de la época y con un carácter propicio a la rebelión en tiempos en lo que no estaba bien visto ni decir una palabra más alta que la otra.

Davies lo retrata todo con rigurosidad y en esa fotografía continua que nos ofrece se revela todo: el tono ocre de la casa, la oscuridad que se va cerniendo sobre una persona atenazada por todo lo que la rodea, la intransigencia ajena y posteriormente la propia. Lo mejor (y más duro) de lo que Davies plasma sobre el tapete es esa progresiva deformación de la personalidad de Dickinson, apenas aliviada por la poesía puesto que, a pesar de que era muy prolífica, le publicaban muy poco, y cambiándole las puntuaciones y sentido de los textos (con lo que irrita eso).

La película, a pesar de su extrema lentitud (la que, por otro lado, aconseja la trama), muestra una calidad innegable. Para los amantes de la obra de Dickinson será de un gran valor añadido porque a lo largo de todo el metraje el director tuvo el buen gusto de ir recitando sus poesías (gran trabajo de Cynthia Nixon en todos los aspectos), añadiendo aún más belleza al filme.

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