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Crítica de «Oleg y las raras artes» (***): Retrato del artista

Crítica de «Oleg y las raras artes» (***): Retrato del artista

No es un retrato crítico, o dialéctico, es una performance consentida de un ser irrepetible

Día 07/10/2016 - 08.49h

Andrés Duque lleva años desarrollando una estimulante carrera en la periferia de la industria del cine español. Ha firmado películas diarísticas, se ha filmado ejecutando una performance de memoria caníbal; pero una de sus especialidades es el retrato. Suyo es el mejor que existe de Iván Zulueta («Iván Z») y aunque muchos esperamos que lo completara con su lógica secuela, el retrato de su actor fetiche Will More, ahora se descuelga con el de un artista aún más pintoresco.

Se trata del ucraniano Oleg Nikolaevitch, pianista prodigio, protegido de Stalin, que también censuró su música; y el prodigio debió verter su talento en bandas sonoras para el cine. A sus casi 90 años falleció poco después del rodaje, se avino a ofrecer ante la cámara su indescriptible perfil de ave arcana que ningún dibujante de comic pudiera haber imaginado.

Y Duque responde como sólo podría hacerlo con un personaje así, fascinado, dejando que despliegue su plumaje paseando, por derecho, por los pasillos del Hermitage y tocando un piano que perteneció al zar. No es un retrato crítico, o dialéctico, es una performance consentida de un ser irrepetible.

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