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Crítica de «Julie» (**): Película sostenible
«Julie»

Crítica de «Julie» (**): Película sostenible

La película es un ejemplo de economía de guerrilla y participación popular

Día 06/10/2016 - 21.02h

Más que una película, Alba González de Molina ha dirigido (en su primer largo de ficción) un teorema: las cosas se pueden hacer de otra manera. «Julie» es un ejemplo de economía de guerrilla y participación popular. Se rodó gracias a la microfinanciación en una ecoaldea del Bierzo, donde curiosamente la mitad de los habitantes son de origen alemán. La mayor parte del equipo eran mujeres menores de 30 años, que respetaron las «normas» del pueblo: apenas se consume energía, casi exclusivamente solar, en un entorno sin wifi ni cobertura, sin aseos ni comodidades (ahí se les va la mano, la verdad).

La mejor virtud de la película es que estas limitaciones no se traducen en una imagen chapucera, aunque el espectador pueden sentirlas casi en sus carnes gracias a la incursión de la protagonista, una chica francesa (la actriz Marine Discazeaux), que descubre ese ambiente entre moderno y de otra época. La cinta se distribuye casi igual, con poca tela y un aire semiclandestino. Es difícil que lleguen a verla, pero merece una oportunidad.

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