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Crítica de «Fuego en el mar» (***): Lo cotidiano entre la tragedia

Crítica de «Fuego en el mar» (***): Lo cotidiano entre la tragedia

Trata ambos hilos narrativos, la tragedia y lo cotidiano de la vida del personaje, con absoluta contención y sin empapar su cámara de sensacionalismo o de impacto visual

Día 13/10/2016 - 21.15h

La isla de Lampedusa le da origen al título nobiliario de Giuseppe Tomasi, autor de «El gatopardo», y le sugiere destino a miles de inmigrantes ilegales que buscan tierra nueva desde África por su situación en el mapa, entre Sicilia y Túnez.

El documentalista Gianfranco Rosi ganó el último Oso de Oro de Berlín con el disparo de su cámara a las dos realidades que conviven en la isla, la trágica de los que llegan allí en condiciones inhumanas, apelotonados vivos y muertos en ataúdes flotantes, y la cotidiana de los que viven allí, los lugareños, centrada la imagen en un chiquillo de doce años que se bate el cobre con los estudios, sus fantasías y su urgente necesidad de aprender a navegar como buen isleño.

La mayor virtud de «Fuego en el Mar» puede ser vista, a la vez, como su mayor defecto: trata ambos hilos narrativos, la tragedia y lo cotidiano de la vida del personaje, con absoluta contención y sin empapar su cámara de sensacionalismo o de impacto visual? Aunque la cámara recoge momentos impactantes en la llegada de esos botes y la actuación del personal de asistencia y de los servicios médicos, evita el subrayado, la «postura», el editorial?, algo que ya funciona por sí solo y en contraste con el juego del pequeño Samuele Caruana, un portento de expresividad y de subrayado en sí mismo. El contraste entre dos desesperaciones por la necesidad de echarse al mar, tan lejanas pero también tan engarzadas: mientras la familia come pasta, las imágenes en la televisión de la tragedia pugna por hacerse un sitio en la mesa. No habla de vergüenzas ni de viejas Europas, sólo permite que algo de ello entre por su cámara.

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