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Crítica de «Ozzy» (**): Gran evasión canina

Resulta un producto peculiarmente aséptico, por no querer ser de aquí es un poco de ninguna parte

Día 13/10/2016 - 21.15h

La animación española, de la que tantas cosas buenas se dicen, tiene algunos problemas de «identidad» que superar: esta, que figura como coproducción hispano-canadiense, ofrece un imaginario completamente americano, suburbial que no suburbano, si me siguen. Solo falta que los directores se pongan angloapellidos, como en un spaguetti western. Supongo que el mercado global así lo exige pero resulta un producto peculiarmente aséptico, por no querer ser de aquí es un poco de ninguna parte. Superado esto, y el molesto «product placement» de comida para perros (pero, claro, esto es Disney, los que asociaron el lanzamiento de «Pocahontas» a la burger McChief, de ya saben quien), ¿qué tal la película misma? Pues presenta una amplia gama de personajes caninos de trazo más convincente que los humanos, que aquí tienen poco que rascar(se).

El conflicto surge de una improbable estafa que protagoniza un villano humano, un Cruello de Vill de diseño más bien soso, y que arroja a nuestro Ozzy a una prisión de alta seguridad: alcaide y carceleros, todos caninos por supuesto, están entre las mejores bazas visuales de la función, más que los presos colegas de Ozzy que forman un cuarteto protagonista poco sorprendente. La trama pertenece en realidad al género carcelario, en su variante fugas y evasiones, y comparecen todas las convenciones y sospechosos habituales. Y surge la paradoja, la película es para muy niños pero la peripecia tiene toques demasiado siniestros para ellos, mientras que el espectador adulto ejerce aquí de mero acompañante aburrido. O no, no sé, yo soy más de gatos.

Dirección: Alberto Rodríguez. Animación.

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