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Crítica de «Small time» (**): Cómo vender coches y no motos

Crítica de «Small time» (**): Cómo vender coches y no motos

Se le pueden encontrar todo ese manojillo de «cosas» dentro que hagan aconsejable y provechosa su visión al espectador

Día 13/10/2016 - 21.20h

Aunque es una historia convencional y contada del modo, digamos, acostumbrado, se le pueden encontrar todo ese manojillo de «cosas» dentro que hagan aconsejable y provechosa su visión al espectador. Un vendedor de coches (y de alguna moto) usados se enfrenta al dilema tan vulgar como engorroso y crucial de ser, o no, el espejo en el que se mire su hijo, a punto de ir, o no, a la Universidad. Su ex mujer y su actual marido, un tipo de éxito, opinan que haría mejor el hijo en mirarse en un charco del parque? Y en eso consiste el lomo argumental, en ese juego de relaciones tan dramáticas y que tan bien se conjugan en la comedia.

La película se caería al suelo, como un traje sin cuerpo dentro, de no estar en ella el actor Dean Norris y su personaje de socio tarambana del padre, un tipo con enorme gracia machorra siempre y cuando no seas miembro del club de chicas «te vas a enterar, pelmazo»? El problema de los hijos, de su futuro, de lo que les conviene a ellos y no al ego distorsionado por el tiempo de los padres?, todo eso se ha contado en otras muchas ocasiones, y mejor. Pero aquí tiene su gracia también.

Dirección: Joel Surnow. Con: Christopher Meloni, Dean Norris.

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