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Crítica de «Después de nosotros» (***): Vivir de los rescoldos

Una historia tan común a nuestra especie que ningún espectador podrá sentirse ajeno aunque sus carnes y sus almas no hayan sufrido el proceso

Día 13/10/2016 - 21.32h

La película del realizador belga Joachim Lafosse es el relato de un naufragio anunciado, la orquesta del Titanic tocando en la cubierta de un matrimonio, una historia tan común a nuestra especie que ningún espectador podrá sentirse ajeno aunque sus carnes y sus almas no hayan sufrido el proceso. Es además un drama adulto y verosímil, sin superhéroes, dibujos animados ni trazas de televisión. La cartelera debería estar repleta de obras así, pero por desgracia estamos ante una especie en extinción, digna de ser contemplada.

No hay tampoco en la película giros de guión a lo «Perdida» o duelos para el Oscar como los que se regalaban Meryl Streep y Dustin Hoffman en «Kramer contra Kramer» (que conste que ambos títulos eran brillantes). Los excelentes intérpretes Bérénice Bejo (la belleza muda de «The artist») y Cédric Kahn viven por otro lado una situación atípica. Aún comparten piso por motivos económicos, con dos niñas gemelas en el campo de batalla.

Bien acogida en Cannes y San Sebastián, la cita ofrece dos momentos, estupendos, que ilustran los efectos secundarios de una desintegración familiar. La incómoda reunión de amigos, atrapados en tierra de nadie, y el doloroso subtexto que resuena bajo la música del baile con las niñas. En esa situación, incluso los mejores recuerdos pueden hacer más daño que una bomba de racimo. Que el amor, cuando se rompe, pueda generar estos residuos de rencor es un misterio que el ser humano debería hacerse mirar.

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