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Crítica de «Verano en Brooklyn» (***): Hombrecitos

Ira Sachs se dio a conocer con «El amor es extraño», una crónica de la separación de una pareja gay debido a la gentrificación

Día 20/10/2016 - 22.09h

Ira Sachs se dio a conocer con «El amor es extraño», una crónica de la separación de una pareja gay debido a la gentrificación, es decir, a lo que cuesta la vivienda en una ciudad camino de perder sus barrios castizos (hablamos de Nueva York). En esta especie de secuela temática, Alfred Molina reaparece aquí, pero en un papel secundario pues esta es la historia de una incipiente amistad entre dos hombrecitos de trece años (nada que ver con las Mujercitas de Alcott).

Lo que surge de la forma más natural, un chico sensible y por tanto solitario se muda y conoce a otro que le trata de forma cordialmente abierta, se complica por la causa externa más poco previsible: se genera una disputa entre sus respectivos padres por culpa del alquiler «de renta antigua» que paga la madre de uno de ellos a su casero, el padre del otro de los muchachos, que quiere actualizárselo.

Ese apunte urbanístico importa menos, de todos modos, que el retrato impresionista de una amistad adolescente, quizá demasiado impresionista, el retrato, porque esta es la típica película «indie» sensible que lleva el ritmo con escobillas, hasta el punto de que uno llega a echar de menos que marque, el ritmo, de manera un poco más insistente so pena de caer en una blanda irrelevancia.

Menos mal que la película nos ofrece el personaje de la madre al borde del desahucio, que Paulina García encarna con fiera seguridad, sin pedir compasión ni trato especial, ni a su casero (el siempre blandito Greg Kinnear) ni al espectador. Ella, sobre todo, es la que arranca la película de ese cierto ámbito «new age» y nos hace evocar ese Brooklyn multicultural y florido que hemos vivido y soñado en tantas otras películas (ninguna de Woody Allen).

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