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Goya, los premios del cine español que nacieron en una marisquería

Goya, los premios del cine español que nacieron en una marisquería

Entrevistamos a Marisol Carnicero, una de las cineastas que fundó la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas y ayudó a alumbrar estos galardones

Día 04/02/2016 - 22.06h

Una vez más, y como cada año, la alfombra roja del cine ibérico ha sido desplegada para acoger la ceremonia de los Goya. Unos galardones que nos acompañan desde que fueron ideados por un grupo de cineastas en una pequeña marisquería de Madrid hace ahora más de tres décadas. Toda una aventura que -en contra de lo que muchos aconsejaron en principio- comenzó con la creación de la nada de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Fue precisamente de aquella semilla de la que, pocos meses después, germinaron los premios más importantes del cine de nuestro país.

El guión de los premios Goya fue planteado a finales de los años 80, una época en la que el cine español atravesaba un pequeño bache. Y es que, por aquel entonces las salas de nuestro país sufrían de una ligera escasez de espectadores. «En la década de los ochenta se asistió a un cierre paulatino de salas en España, que llegaron al nivel más bajo en 1991 (1.773 salas). Las circunstancias que explicaron la reducción entre 1980 y 1991 fueron las siguientes: la pérdida de algo más de la mitad de espectadores; el cambio sin precedentes en los hábitos de ocio de la sociedad española (que podía acceder a otros consumos culturales) y la proliferación en el hogar de un equipamiento que estrechó los ámbitos del ocio y del trabajo como el vídeo», explican José María Álvarez y Javier López (profesores de comunicación audiovisual en la Universidad Complutense», en su dossier «La virtual recuperación del cine español».

Marisol Carnicero

Pero no se podía echar todas las culpas a los espectadores, pues el cine tampoco estaba viviendo sus mejores momentos a nivel de financiación (el dinero escaseaba en los platós) y el mercado nacional y extranjero estaba copado por las películas norteamericanas. Los directores, conscientes perfectamente del problema, hicieron examen de conciencia y señalaron que, además de todos aquellos factores, la calidad de algunas películas también había propiciado aquella situación. Así lo dejaron claro Fernando Méndez Leite y José María González Sinde el 2 de diciembre de 1986 cuando, en declaraciones a ABC, señalaron que los nuevos expertos necesitaban una formación más profunda para crear buenas obras. «Otra consideración relativa a los males que aqueja a nuestro cine sería [?] la ausencia de una buena formación cinematográfica, achacable en parte a la desaparición de la Escuela Oficial de Cine [en 1976]», explicaron.

Con todo, tan cierto como aquello es que también se hacían largometrajes de gran calidad que lograban encandilar a los españoles. «Creo que el cine español no estaba tan mal. Había películas buenas. Personalmente considero que nuestro cine, con algunos altibajos -que siempre los hay, los ha habido y los habrá- ha tenido desde sus inicios películas muy dignas. Podrían ser dos, tres o cinco, pero siempre las ha tenido. En lo referente a los espectadores sucedía lo mismo que ahora. Al final, una vez por unas cosas y otras por otra, siempre nos ha afectado su falta. Antes era porque los estadounidenses copaban la cartelera y, ahora, por la piratería» explica, en declaraciones a ABC, Marisol Carnicero, Directora de Producción desde hace tres décadas y una de las personas que participó en la reunión fundacional de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

La marisquería en la que nacieron los Goya

En esas andaba la situación cuando, allá por 1985 (concretamente, el 12 de noviembre) Alfredo Matas -el conocido creador de la productora «Jet Films»- le puso arrestos y decidió reunir a una ingente cantidad de personalidades del mundo del cine en Madrid para buscar alguna solución a esa herida que sufría el cine de nuestro país (y, por qué no, para intentar que las películas de calidad que se producían por estos lares empezasen a ser bien consideradas en el extranjero). La «lluvia de ideas» se realizó en la marisquería O'Pazo de Madrid, la cual sigue todavía sirviendo comida en la capital y donde, según ha explicado su actual dueña a ABC, los recuerdos de aquel suceso se perdieron cuando se jubilaron los dos «maitres» que atendieron a aquella legión de expertos del celuloide. Tal y como recuerda la misma Academia en su página Web, a la llamada de Matas acudieron -entre otros- directores de la talla de Luis García Berlanga y Carlos Saura; actores como José Sacristán y Charo López y, como no podía ser de otra forma, Marisol Carnicero.

«Cuando nos reunimos yo estaba mal acostumbrada. Acababa de hacer ?La Vaquilla? y otras películas de éxito a pesar de que era muy joven. Fui gracias a Alfredo quien, después de rechazar algunos proyectos que le había ofrecido por contar con gente muy joven, me dijo que con eso no iba a hacer nada y que me metiera de lleno en algo que él estaba preparando: la creación de una Academia y de unos premios similares a los Óscar, pero para el cine español. Lo cierto es que en su momento me pareció demasiado pretencioso, pero mira donde estamos ahora», explica Carnicero. Según afirma, fue una de las encargadas de llamar a los pesos pesados del cine para que acudieran a la comida y de buscar el sitio adecuado para la misma. «Me dijo que convocase a la gente de más renombre, que no dejase fuera a nadie. Curiosamente, llamé a varios restaurantes, pero no tenían sitio y nos decidimos por el O'Pazo», completa.

Recorte tras la primera gala de los Goya

Aquel día, un grupo de las personalidades más reconocidas del mundo del cine dirimieron el futuro de la gran pantalla española, y lo hicieron en un restaurante, mientras comían. Del menú de ese 12 de noviembre poco se sabe. Pero no porque sea un enigma sino porque, como explica Carnicero, cada uno pidió lo que quiso. «Era una comida de amigos. No era una comida preparada en la que te dan un menú predefinido. Por eso no ha quedado constancia de aquello», determina. Sin embargo, lo que sí se ha guardado en las páginas de la Historia es aquello de lo que hablaron. «Comentamos las dos cosas, que queríamos crear una institución, y que buscábamos que entregase premios. Así se fue fraguando la idea de la Academia y de los Goya», añade. Las cartas estaban sobre la mesa y el objetivo era emular a Hollywood y sus Óscar, algo que algunos de los presentes consideraron imposible.

«En aquella comida muchos se mostraron escépticos. Recuerdo especialmente la opinión de Carlos Saura, que no creía para nada en ello. Decía que era casi imposible montar una Academia», determina Carnicero. Sin embargo, gracias a la convicción de personas como Matas, la idea siguió adelante. «Alfredo era una persona que solo quería que el cine español estuviese más representado, que llegase más al público. Por suerte, en aquel momento tuvimos a personas como él, personas que querían hacer algo más vistoso con el cine español, algo bueno. Nos tacharon de soñadores, pero ya llevamos 30 años», explica. Al final, en aquella reunión informal se tomó la determinación de crear la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, una institución que se presentó oficialmente al público en 1986 después de que los presentes en el O'Pazo consiguiesen el aval de 87 personalidades del mundo del arte. También se estableció que se crearían unos premios españoles al mejor cine, aunque no el nombre de los mismos.

¿Por qué se llaman Goya?

Una vez que España conoció la existencia de la Academia, sus fundadores comenzaron con la segunda parte de su plan original e idearon una ceremonia y unos premios similares a los de Estados Unidos. Una idea que causó cierto rechazo en algunos sectores del país. «Muchos pensaban que no íbamos a llegar a nada. Se reían de notros, decían que eramos unos chapuzas. Estas cosas pasan siempre. Siempre que hay alguien que tiene una iniciativa buena, muchos tratan de que se vuelva atrás, pero nosotros peleamos por lo que había que pelear», completa Carnicero. Efectivamente lucharon, pero para ello necesitaron encontrar un nombre que tuviera «gancho», que fuese corto (como los Óscar o los César franceses), fácil de recordar, y evocase la esencia del cine y el arte español. Una tarea difícil y que provocó que decenas de términos se pusiesen sobre la mesa.

Entre las diferentes propuestas destacó la de «Premios Lumiére». En principio tuvo cierta acogida por ser este el apellido de los dos hermanos que inventaron el cinematógrafo, pero finalmente se deshecho por sonar demasiado galo. También se sugirió denominarlos «Premios Buñuel», pero esta opción también fue rechazada. «El decorador Ramiro Gómez nos dijo que no debíamos ceñirnos a una persona tan concreta del cine y tan cercana en el tiempo, por lo que abandonamos esta teoría», añade Carnicero. Al final, la opción mejor valorada fue la de «Premios Soles». «Discutimos todas las ideas muchísimo. ?Soles? fue propuesto por el montador José Antonio Rojo. Era una idea que él ya tenía pensada de una época en la que ya había considerado crear unos premios similares», destaca la Directora de Producción. No obstante, esta propuesta se terminó cayendo de la lista como todas las demás.

Recorte del diario ABC

«La descartamos porque Ramiro Gómez nos propuso Goya», completa. Al parecer, Gómez convenció a todos afirmando que el pintor había tenido un concepto pictórico cercano al cine llamado arte secuencial, el cual se basa en utilizar una sucesión de imágenes para dar la sensación de movimiento. Al ser también uno de los mayores representantes de la cultura hispana, los miembros de la Academia aceptaron. Así fue como nacieron los «Premios Goya». Unos galardones que se presentaron en sociedad el 2 de diciembre de 1986. El momento fue narrado por ABC en sus páginas: «La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España eligió ayer a Huelva en el marco de su Festival de Cine Iberoamericano para presentar los premios a las mejores labores realizadas durante el año anterior en todas las especialidades artísticas o técnicas que intervienen en la creación de películas. Dentro de estos galardones, se ha establecido uno para el mejor film de habla hispana producido fuera de España. Los premios llevan el nombre "Goya", como mejor representante del arte fuera de nuestro país».

De eso hace ya 30 años. Un recorrido corto, pero que ha permitido a estos premios asentarse como los más importantes del sector en España. «Ahora que lo veo a toro pasado, me doy cuenta de que los Óscar empezaron en el año 29, pero yo empecé a oir hablar de los Óscar cuando era pequeña, allá por los 60. Estaban como estamos nosotros en la actualidad. Ahora, además, veo el glamour que tienen y no hay tanta diferencia. Llevamos 3 décadas, hemos pasado por momentos duros, pero ahora los Goya le interesan a todo el mundo. Algo bueno habremos hecho. Personalmente creo que ayudan al cine español, que tiene que luchar con muchas cosas y tiene muchos enemigos (entre ellos la ignorancia, la lejania de la administración, la fuerza y la competencia de las películas americanas...). Son una ayudita. Hacen que estemos un poco mas presentes», finaliza Carnicero.

Los premios antes de los Goya

Los del Sindicato Nacional del espectáculo y el cine español. Tras la Guerra Civil, los actores se recogieron bajo el paraguas de esta institución, reconocida por decreto el 19 de febrero de 1942. «El SNE promocionó el cine español mediante sus premios [?] pero [fue un] instrumento más de control por parte de los poderes económicos del país», explica el historiador óscar Ortego Martínez en su dossier «El SNE (1941-1959).

2-Premios del círculo de escritores cinematográficos. Creada en 1945, esta asociación reparte desde ese mismo año premios cinematográficos, además de organizar concursos de guiones t críticas.

3-Festivales puntuales creados en la década de los 50 y 60 como el de San Sebastián. Este era en principio un evento de una semana dedicado a los aficionados al cine (lo que hacía que fuera de categoría «B» o «no competitivo»). En 1957 ascendió y se ganó un hueco en los destivales.

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