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La «estrafalaria» y polémica primera estatuilla de los Goya
Imagen de la estatuilla de los Goya de Miguel Ortiz Berrocal

La «estrafalaria» y polémica primera estatuilla de los Goya

El busto de la primera edición de los premios en 1987, un artilugio desmontable y extraño, nada tenía que ver con el actual, pero fue tan criticado que se retiró pronto

Día 06/02/2016 - 07.15h

«Lo estrafalario está en cierto botón oculto que hace aparecer, sobre la cabeza abierta del genio, un proyector de cine con sus dos bobinas que representa el mapa de la Península», podía leerse en ABC, el 14 de marzo de 1987. El artículo se refería a la primera estatuilla de los premios Goya, entregada hace ahora 30 años. Un trofeo obra del escultor español Miguel Ortiz Berrocal que no pasó desapercibido a los ojos de la crítica y el público, y que se convirtió en la verdadera estrella de la primera edición... por encima, incluso, de los galardonados.

Se trataba de un «artilugio» desmontable presidido por el rostro del genial pintor aragonés, con un mecanismo que hacía que la cabeza se abriese por la mitad y emergiera la susodicha cámara.

Además, diferencia del actual, que pesa menos de tres kilos, aquel primer «cabezón» superaba los siete. Algunos medios incluso aseguraron que llegaba a los 15 kilos. Fernando Fernán Gómez, el gran triunfador de la gala de 1987 con «El viaje a ninguna parte», tuvo que pedir ayuda a algunos compañeros para transportar a casa los tres recibidos. «El peso de la gloria», fue el comentario irónico de algunos periódicos. «En cuanto a su tamaño, el testigo que firma no pudo levantarla con una mano, como es de rigor en el momento cumbre de la entrega», contaba el enviado de este periódico, que llegó a añadir: «Si Goya levantara la cabeza y viera lo acaecido con su nombre y figura, seguramente de la misma testa genial no saldría un proyector de cine, como ha creído entender el gran escultor Berrocal, sino truenos y centellas más bien».

La encargada de transportar aquel primer prototipo a Madrid fue la directora de producción Marisol Carnicero, una de las fundadoras de estos premios y ganadora de un Goya en 1988 por «Cara de Acelga», la película dirigida por José Sacristán. «Elegimos a Berrocal porque estaba exponiendo en el Palacio de Cristal del Retiro. Hablamos con él y dijo que estaría encantado de hacer el primer diseño. Por aquel entonces yo estaba rodando con Luis García Berlanga en Barcelona. El escultor me lo envió allí y yo me lo traje a Madrid en avión. Fue un caos porque, cuando pasé por el arco de seguridad, pitó como un demonio. Cuando lo enseñé, pensé que me iban a decir que lo había robado de un museo. Fue muy gracioso», cuenta a ABC.

Un Goya con baterías

La estatuilla, efectivamente, no gozó de buenas críticas y fue presa de los comentarios más sarcásticos. No solo pesaba mucho y tenía un diseño complicado y extravagante, sino que, al parecer, también era muy cara. Por ello, fue sustituida poco después. «El mecanismo iba con unas baterías que ya no sé si se fabrican. Cuando se me acabaron no las volví a pedir y sospecho que ahora sería difícil ponerlo en marcha. Después del segundo año vimos que trasportar los bustos tenía un coste muy elevado, así que, cuando se acabó el contrato con Berrocal, le encargamos el diseño a un nuevo escultor, José Luis Fernández, que se basó en lo que había hecho Berrocal», añade Carnicero. Éste creo el busto de bronce tal y como lo conocemos hoy.

En las dos siguientes galas, la estatuilla de Berrocal se mostró algo más discreta. «Fueron quizá los organizadores quienes, suponemos que por unanimidad, decidieron suprimir el ridículo numerito de enseñar la camarita... De modo que ayer al pintor no le salió artefacto alguno de la cabeza, aunque, en el intermedio, pudimos comprobar que no se le había extirpado tampoco este año», explicaba ABC tras la segunda edición, en 1988.

Más polémicas

La nueva y actual estatuilla de los Goya tampoco está exenta de polémicas. Hace dos años, la Fundación Mariano Benlliure criticó a la Academia de Cine por entregar como premio un busto que, en su opinión, «no respeta los derechos de propiedad intelectual», ya que está «claramente inspirado» en el que el escultor valenciano hizo del pintor.

Los mismos responsables de la fundación aseguraron que no existía ningún conflicto con el galardón de Berrocal, pero defendieron a través de su página web que la de Fernández «no es una creación personal». «No parece lógico que una institución como la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España entregue como Premio Goya, el más importante que se concede en cine en España, una estatuilla que no respeta los derechos de propiedad intelectual sobre una obra, ya que los derechos de autor de Mariano Benlliure siguen vigentes», defendía la entidad.

Una de las bisnietas del escultor y directora de la fundación, Lucía Enseñat Benlliure, veía «en los gestos de la cara, el cabello, el chaleco, el pañuelo... una copia». Y contó al diario «Las Provincias» que durante su mandato al frente de la Academia de Cine, José Luis Borau intentó sustituir el busto de Goya realizado por Fernández, por una reproducción del original de Benlliure, uno de los más famosos escultores españoles de todos los tiempos. La iniciativa, sin embargo, no prosperó.

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