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Cómo ganar dos Oscar y no poder recoger ninguno
Imagen de «Trumbo», que se estrena el 22 de abril, con Bryan Cranston en el papel del guionista

Cómo ganar dos Oscar y no poder recoger ninguno

La víctima más ilustre de la «caza de brujas» fue Dalton Trumbo, premiado por «Vacaciones en Roma» y «El bravo», guiones que tuvo que firmar con pseudónimo

Día 28/02/2016 - 23.55h

El novelista, guionista y director Dalton Trumbo tuvo una vida de película. No es una expresión gratuita: el 22 de abril se estrena en España «Trumbo», protagonizada por Bryan Cranston («Breaking bad»). El escritor, uno de los perseguidos por el senador McCarthy, se convirtió en uno de los «Diez de Hollywood», la lista más negra que sufrió la industria en la década de los cincuenta, en lo que hoy se conoce como «Caza de brujas».

«Vacaciones en Roma», «Espartaco», «Éxodo», «Johnny cogió su fusil» (adaptación de su propia novela, que también dirigió) y «Papillon» son algunos de los títulos más conocidos de Trumbo. En 1941 ya había sido candidato al Oscar por «Espejismo de amor», pero tuvo que esperar más de una década hasta que llegaron los premios, que se presentaron demasiado tarde, por «Vacaciones en Roma» (1954) y por «El bravo» (1957). No pudo recoger ninguno. Hasta hace relativamente poco, ni siquiera pudo tenerlos su familia. En 1993, la Academia reparó en parte la injusticia y le dio a su viuda el Oscar por «Vacaciones...», casi veinte años después de la muerte del autor.

«Actividades antiamericanas»

En los cincuenta, en el apogeo de su carrera, Trumbo era un escritor proscrito por sus supuestas «actividades antiamericanas». Acusado de pertenecer al Partido Comunista, fue uno de los pocos que se negaron a declarar y delatar a sus compañeros, en la época más oscura que ha vivido Hollywood. Después de once meses de cárcel, se exilió en México, desde donde siguió escribiendo.

Para su desgracia, el castigo iba mucho más lejos y los estudios ya no podían contratar a los miembros de la lista negra, todos ellos guionistas y algunos también directores. La industria entera les dio la espalda. Estaban apestados. Otra de las víctimas, Ring Lardner Jr., escribió los sufrimientos de aquel grupo tan selecto y torturado en el libro «Me odiaría cada mañana» (Ediciones Barataria), una lectura más que recomendable.

Trumbo, como muchos de sus compañeros, acabó por ofrecer sus servicios como «negro», cobrando una parte de su hasta entonces elevado caché y sin la posibilidad de firmar sus trabajos. Algunos se aprovecharon, otros lo hicieron para ayuda y, como mal menor, el mundo pudo seguir viendo sus películas.

Principio y fin de la farsa

«Vacaciones en Roma», deliciosa película (nada antiamericana, por supuesto) que convirtió en una estrella a Audrey Hepburn, fue firmada oficialmente por el escritor inglés Ian McLellan Hunter, quien también acabaría incluido en las listas negras después de recoger aquel Oscar. Es solo una anécdota al lado de la tragedia que vivía Trumbo, pero el hijo de Hunter, también director, se negó en 1992 a devolver la estatuilla y la Academia tuvo que fabricar otra.

Para el guión de «El bravo», premiado tres años después, Trumbo utilizó el pseudónimo de Robert Rich. Cuando Deborah Kerr pronunció su nombre como ganador del Oscar, nadie sabía quién era. Jesse Lasky Jr., director del sindicato de guionistas, saltó a recoger el galardón conseguido por su «buen amigo» y explicó que este se hallaba en el hospital, ya que su mujer acababa de dar a luz. Aquella farsa al menos sirvió para que el tenderete empezara a venirse abajo.

Al día siguiente, no tardó en descubrirse que no existía ningún guionista con ese nombre. La conocida periodista Hedda Hopper comprobó incluso que ninguna de las clínicas de maternidad del país habían visto nacer a un hijo del tal Rich. Al final apareció el Robert Rich real, que sí existía, pero solo era un sobrino de los productores de la película, los hermanos King. Robert confesó ante la Academia que él no había escrito ni una línea y en Hollywood descubrieron los penosos efectos secundarios de aquella práctica.

Todo terminó por saltar por los aires cuando, semanas después, Trumbo concedió una entrevista a la CBS. El guionista denunció que la industria no solo había negado su apoyo a los perseguidos y hecho la vista gorda a que trabajaran con nombres falsos, sino que se lucró con ello durante años. Las cuentas son claras. Dalton Trumbo cobraba 3.500 dólares a la semana por su trabajo. Como «negro», le daban menos de esa cantidad por el guión entero, una labor de meses.

Otros impostores

El de Trumbo no fue el único caso de perseguido que no pudo levantar su Oscar. Pierre Boulle, que ni siquiera sabía hablar inglés, recogió el premio por el guión adaptado de «El puente sobre el río Kwai» en 1957. La película había sido escrita en realidad por Carl Foreman y Michael Wilson, otros dos perseguidos. Hay que tener en cuenta que no solo estaban los Diez de Hollywood. Las listas negras incluían cientos de nombres.

Un año después, ganó el Oscar «Fugitivos», de Stanley Kramer, escrita por Nedrick Young y Harold Jacob Smith, pero firmada con nombres falsos. Como broma interna, el director coló sus nombres en los títulos de crédito, aunque como conductores de camión. Por supuesto, aquel «reconocimiento» no fue suficiente para que pudieran subir al estrado a recoger el Oscar.

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