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Stallone quiere sentir las piernas del Oscar
Stallone posa junto a su familia tras ganar el Globo de Oro a mejor actor secundario

Stallone quiere sentir las piernas del Oscar

El actor está nominado como mejor secundario por su séptima interpretación de Rocky Balboa en «Creed». Su vigorosa presencia es uno de los platos fuertes de la glamurosa gala

Día 28/02/2016 - 23.52h

Sylvester Stallone es un duro de Hollywood con gran sentido del humor. La próxima madrugada de domingo a lunes va a luchar (esperemos por el bien de sus rivales que en sentido figurado) por un Oscar al mejor papel de reparto por su séptima interpretación de Rocky Balboa en «Creed». En la cena de nominados, para jolgorio del resto de presentes, comentó: «La última vez que estuve aquí creo que Lincoln estaba en la Casa Blanca». Ahora su cara ha sufrido los efectos del botox. Y es que esta nueva candidatura llega nada menos que cuarenta años después de la lograda por «Rocky» en 1976. «Esto ha hecho que mis hijas me vean como un actor de verdad y no sólo como un mal golfista», añadió. En síntesis: es uno de los platos (muy) fuertes de la ceremonia y está disfrutando el momento.

Hace poco más de cinco años, Stallone escribió y dirigió «Los mercenarios», una película de acción, que luego se convertiría en saga, en donde participó lo más granado (en lanzar granadas) del cine de este género de los últimos años. Por la franquicia desfilan clásicos del cine de leches como Jason Statham, Dolph Lundgren, Arnold Schwarzenegger, Jean-Claude Van Damme y hasta Chuck Norris en un cameo. Esta especie de «Gran Hermano VIP» de los cachas de Hollywood es una idea puro Stallone, que en su trayectoria ha sabido dar con la tecla del éxito del público. Rocky Balboa y John Rambo son sus dos más importantes criaturas y forman parte del imaginario cinematográfico de medio mundo. Y eso, sin entrar en más disquisiciones, no es fácil.

«No siento las piernas», la legendaria frase atribuida a John Rambo nunca existió. Fue cosa de Santiago Urrialde, el reportero del programa de Pepe Navarro «Esta noche cruzamos el Missisipi», en modo caricatura del personaje de Stallone. Este ejemplo patrio habla de la trascendencia en terminos de popularidad de su Rambo, que bien valdría también para Rocky. Pero alcanzar esta fama no fue fácil, como suele suceder. Sus inicios incluso fueron más duros que los de cualquiera: para pagar sus estudios de actor protagonizó en 1970 una película cuasiporno llamada «The party at Kitty and Stud?s» (posteriormente bautizada sutilmente, para aprovechar el éxito del actor, como «Italian stallion», o sea «El semental italiano»). Un año después, en el 71, tuvo una aparición fugaz en «Bananas» de Woody Allen, haciendo macarra en una divertida secuencia en la que, junto a un compinche, atormentaba a un vagón de metro en el que Allen leía temblando una revista cultural. Rocky no llegaría hasta cinco años después.

Han pasado cuarenta años desde entonces y Stallone sigue aquí, en un inmejorable momento. En los pasados Globos de Oro, su triunfo como mejor actor de reparto por «Creed» fue uno de los puntos más emotivos de la gala. Es un personaje querido, no hay duda, y era el primer gran reconocimiento profesional de su carrera. Hubo ovación enardecida en el Hotel Beverly Hilton. Y en el escenario, el actor afirmó: «Quiero dar las gracias a mi amigo imaginario, Rocky Balboa, por ser el mejor amigo que he tenido jamás».

Pocos días después, en una entrevista concedida a este periódico, Stallone continuaba hablando con su querido fantasma: «Hay momentos, cuando me encuentro solo, escribiendo a las tres o las cuatro de la madrugada, en los que sigo manteniendo conversaciones con Rocky. En esos instantes se me ocurren las ideas más interesantes, porque hay un diálogo interno». Y es que Stallone se maravilla verdaderamente de que este personaje haya conectado con la gente joven una vez más, que «sus historias han quedado a nuestro alrededor sin ningún tipo de efectos especiales, sin carreras de coches, sin explosiones, que es lo que yo suelo hacer. Sin balas, sin tacos y sin sexo».

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