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Domhnall Gleeson, el talento desapercibido de los Oscar

oscars 2016 Domhnall Gleeson, el talento desapercibido de los Oscar

A pesar de su presencia en cuatro de las películas nominadas a los premios de la Academia, la candidatura y la fama todavía se le resisten

Día 02/03/2016 - 15.28h

Se llama Domhnall y tiene 32 años. Su nombre delata su origen, irlandés, igual que su cabello, pelirrojo. Lo de la actuación le viene de fábrica. Brendam Gleeson, además de un consolidado actor, es también su padre, y con él ha coincidido en un la franquicia del niño mago y en una comedia negra sobre religión, «Calvary».

A pesar de las reticencias iniciales de Domhnall por colaborar con Brendam, para evitar que su talento fuera asociado con el de su progenitor y para escapar de la sombra a la que su imponente figura podía abocarle, ha conseguido forjar su propio camino; de forma independiente, pero siempre con un referente cercano en el que mirarse.

Aprendió a adueñarse de cada gesto agudizando su destreza sobre las tablas de un escenario. Rumió su pericia durante casi tres décadas, hasta que en 2010 sucumbió a una franquicia. Ese año se metió en la piel de uno de los hermanos Weasley, Bill, el banquero de Gringotts reconvertido en licántropo honrado.

Sabedor de que ser prolífico no es sinónimo de éxito, decidió a partir de ese momento cultivar diferentes perfiles. Hizo suya la máxima de los secundarios: da igual cuánto tiempo aparezca en la pantalla, cada segundo vale oro y robar escenas, aprovechar cada instante en pantalla, es fundamental.

Un año de oro

Compartió foco en «Nunca me abandones» con actores ya consolidados como Carey Mulligan, Andrew Garfield, Keira Knightley y Charlotte Rampling, nominada este año en los Oscar por su papel en «45 años». Y siguió prosperando en el mundillo de las artes escénicas con los hermanos Coen, que contaron con él en «Valor de ley», candidata a diez estatuillas ese año de oro para el pelirrojo.

Fue también en 2010 cuando comenzó su idilio desapasionado con los premios de la Academia, costumbre que ha perpetuado hasta este 2016. Entre medias, un caldo de cultivo. Un aplaudido Konstantin Levin en la «Anna Karenina» de Joe Wright, un moderno Robinson Crusoe en el debut tras las cámaras de Angelina Jolie o un gladiador incombustible del romanticismo en «Una cuestión de tiempo». Los títulos dan entidad a su currículum, aunque solo sea de palabra.

Él es uno de esos talentos discretos de los Oscar, a pesar de estar más presente en ellos que la mayoría. Unos se llevan el premio, él camina por el Dolby Theatre como un fantasma, ligero, desapercibido. Aunque su nombre no sonará esta madrugada, Domhnall Gleeson es más protagonista de la gala que sus compañeros nominados. Mientras unos mascan el éxito, él paladea los claroscuros de su esfuerozm y aprende. Siempre desde la sombra.

La fotografía con la estatuilla dorada todavía se le resiste, y también la candidatura. Pero ha logrado un hito: colarse discretamente. Sus papeles en cuatro de las películas nominadas a los Oscar le auguran un futuro prometedor en la meca del cine y certifican su buen gusto, su saber elegir, tanto o más importante en una industria tan efímera como besar el oro. Un éxito precipitado puede convertirse con la misma rapidez en un sonado fracaso. Que se lo pregunten a Gloria Swanson, que vivió en carne propia el crepúsculo de los dioses con Billy Wilder.

Por eso, prefiere cuidar el trazo, prender una infinita mecha y esperar, paciente, a que en algún momento estalle.

Guarda con delicadeza en su memoria los aplausos por «Brooklyn», en donde con una interpretación contenida y breve se convierte en uno de los pocos dignos de la categoría de secundario. Igual que en «El renacido», aunque su papel como comandante quede, aquí sí, completamente eclipsado por la gélida odisea de DiCaprio. Siempre bondadoso en la pantalla, traspasa los límites de la robótica en «Ex machina» cuando su ingenuo personaje cae en las redes de la inteligencia artifical, embaucado por el test de Turing y, cómo no, por el encanto de Alicia Vikander. Aunque su cara de bonachón suele estigmatizar los papeles a los que opta, cuida los detalles, y demuestra en el taquillero regreso de «Star Wars» que también puede ser malo, de los peores.

¿Quién es ese pelirrojo? Algún día nadie preguntará su nombre pero, por si acaso, no está de más recordarlo: es Domhnall Gleeson.

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