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Leo DiCaprio, el actor que siempre dejaba que ganara su cerebro

El protagonista de 'El renacido' se hizo con el galardón tras una larga carrera en la que siempre quedó al borde de la estatuilla

Día 01/03/2016 - 20.05h

Paul Newman tenía los ojos más azules y era más guapo que Leonardo DiCaprio, pese a lo cual tuvo que esperar a su octava nominación para llevarse por fin el Oscar. Le llegó tan tarde, de hecho, que le acababan de conceder otro a título honorífico porque pensaban que ya se le había pasado el arroz. DiCaprio solo llevaba cuatro intentos frustrados antes de «El renacido» y, aunque se hicieran videojuegos y aplicaciones de móvil para reírse de su supuesta obsesión por la estatuilla, su caso tampoco ha sido nunca una injusticia clamorosa. Peter O'Toole, Richard Burton, Cary Grant, Montgomery Clift, Groucho Marx y un largo etcétera de mitos se murieron sin el premio y nadie se atrevería a mirarlos por encima del hombro. En todo caso, por fin DiCaprio ha logrado su ¿ansiado? Oscar.

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De padre con orígenes europeos, Leonardo Wilhelm DiCaprio vino a nacer aquí mismo, en Hollywood, como si estuviera predestinado a ser camarero o actor, y pasó por todas las etapas que debe superar un intérprete para curtirse, entre pruebas de casting y sueños nunca del todo rotos. A los 16 años, el dato es elocuente, ya tenía agente. El chaval hizo sus series («¡Dulce hogar... a veces!», «Los problemas crecen»...) y sus pequeños papeles en películas marginales («Critters 3: La venganza», «Hiedra venenosa»), que le ayudaron a que su mirada azul empezara a llamar la atención.

Antes de cumplir los veinte ya le había aguantado el tipo a Robert de Niro en «Vida de este chico» (1993), el mismo año que despega su carrera con «¿A quién ama Gilbert Grape?» (1993). En esa época empieza a rodar las películas de tres en tres y lo mismo rueda «Rápida y mortal», ese raro western de Sam Raimi, como se permite el lujo de robarle algún papel a River Phoenix. Pero fue Baz Luhrmann quien lo metió en su batidora mágica, en «Romeo y Julieta de William Shakespeare» (1996), de donde salió convertido en una estrella. Un año después ya estaba hundiendo el Titanic, superéxito que, paradójicamente, lo mantuvo un tiempo sin rumbo, imagen que aprovechó Woddy Allen en «Celebrity» (1998).

No fue el único gran director que confió en él. Danny Boyle se lo llevó a «La playa» y Scorsese lo convirtió en su actor de cabecera, el nuevo De Niro, ya no su hijo, en cinco títulos por los que mataría casi cualquier otro actor vivo: «Gangs of New York», «El aviador», «Infiltrados», «Shutter Island» y «El lobo de Wall Street». El bueno de Johan Hill, sin ir más lejos, estuvo dispuesto a trabajar gratis (o casi) en el último de ellos.

Otros maestros como Spielberg («Atrápame si puedes»), Ridley Scott («Red de mentiras»), Sam Mendes («Revolutionary Road»), Christopher Nolan («Origen»), Clint Eastwood («J. Edgar») y Quentin Tarantino («Django desencadenado»), antes de Iñárritu, elevaron a DiCaprio a la excelencia, en una colección de cineastas no menos envidiable. Leo cambió cantidad por calidad y, más allá de ser un buen actor, demostró su talla como inteligente estratega que apenas da pasos en falso. «El gran Gatsby» de Luhrmann es quizá su única «frivolidad» en lo que llevamos de siglo, un pago al Romeo que este le permitió hacer en sus comienzos. También hay otra cinta sospechosa en estos años, pero parafraseando a Les Luthiers, qué más podríamos contar que no se haya dicho ya de la olvidada «Don's Plum»? o que se haya dicho.

Estilo «impropio»

Al DiCaprio actor cabe compararlo en algunos aspectos con otro intérprete con más cerebro que tripas, otro calculador y (aún mejor) negociante, Tom Cruise, sobre el que mantiene una ventaja, sin embargo: despierta menos rechazo. Lo cierto es que, pese a su asombrosa filmografía, y con solo 41 años, hasta que un director mexicano se decidió a castigarlo durante dos horas y media, no habíamos visto a Leo dejarse la piel en una película. Podía morir ahogado, pero incluso ahí todo se debió a un infantil error de cálculo, como ha terminado por admitir Kate Winslet. ¡¡¡Por favor, que cabían los dos en la tabla!!!

Sobre su mirada, tiene la particularidad de fijar al espectador en la butaca, como dicen los entendidos en fútbol que el buen delantero centro hace ahora con los centrales. Él podía torturar su mente con personajes desequilibrados, pero no se imaginaba o no lo imaginábamos prostituyendo también su cuerpo en aras de la excelencia artística. Y a fe que también en eso es un profesional descomunal. Si todo le saliera un poco más natural...

DiCaprio quiso dedicar el galardón a su «hermano» Tom Hardy, el coprotagonista de la cinta, y a Alejandro González Iñárritu, que poco antes se había llevado el Oscar a mejor director. «Estás haciendo historia del cine. Gracias a ti y al 'Chivo' Lubezki por rodar experiencias cinematográficas trascendentes», manifestó.

El intérprete aprovechó para lanzar un mensaje a favor de la lucha por el medioambiente. «El cambio climático es real y está ocurriendo ahora mismo; es la amenaza más urgente que afronta nuestra especie. Debemos apoyar a los líderes de todo el mundo y luchar por los indígenas, la gente sin privilegios y la gente sin voz», indicó.

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