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«The Walking Dead»: Volver a empezar
Una escena del capítulo

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La ficción de AMC ha pasado del infierno de los zombies al infierno de los otros

Día 02/04/2014 - 11.28h

«No saben con quién se han metido». Lo dice Maduro en un discurso, pero también Rick en el último capítulo de la cuarta temporada de «The Walking Dead». Hablamos de un Rick capaz de convertir el hecho condenatorio, el mordisco -el diablo viste de Apple-, en salvación, aunque ello suponga un destierro de sí mismo. «He is good-bad, but he is not evil», dirían The Shangri-Las de su metamorfosis, claro que Torreiglesias le habría aconsejado abrazar un árbol durante dos o tres minutos.

La ficción de AMC ha pasado del infierno de los zombies al infierno de los otros, deteniéndose en ese averno que es uno mismo pugnando por no perder lo que se era y por asumir lo que se ha acabado siendo. Uno es uno, sus circunstancias y sus consecuencias. «No soy como él cree, solo soy otro monstruo», le dice Carl a Michonne, Beatrix Kiddo rasta, cuya catana se me antoja menos hiriente que el atuendo de Carolina Sobe a su llegada a «Supervivientes». «No te arrepientas tanto de lo que has hecho», repite la canción que acompaña la llegada de los protagonistas a la terminal -y quién sabe si a lo terminal-, cuyos mensajes han sido la confortante melodía que los ha guiado por las vías, como ratas de Hamelín.

La esperanza ha sido su trampa. También lo ha sido para algunos seguidores de la serie, insatisfechos con un final demasiado abierto que ha abusado de los flashbacks como recurso más reiterativo que explicativo. Hasta ahora, para describir los remates de temporada de «The Walking Dead» bastaba lo que al editor de Víctor Hugo para explicarle la acogida de «Los Miserables»: «¡». Esta vez lo idóneo sería una legión de interrogantes.

Era difícil superar el final de la midseason, aquella matanza en la prisión que los dispersó, permitiéndonos profundizar en cada uno de los personajes. Complicado lograr el impacto de «The Grove», episodio que nos recordó que hay niños aún más terroríficos que los que salen en La Sexta hablando de la crisis y la «hipóteca». «La única alegría en el mundo es comenzar», dice Pavese, y eso es «The Walking Dead», un incesante -léase a lo Luise Rainer- volver a empezar.

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