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Elena Anaya, Anne Igartiburu, Maxim Huerta y Marta Etura muestran su lado más solidario
Marta Etura en un momento de la grabación del spot

Elena Anaya, Anne Igartiburu, Maxim Huerta y Marta Etura muestran su lado más solidario

Elena Anaya, Anne Igartiburu, Maxim Huerta y Marta Etura colaboran con la campaña Agua para el Sahel del Comité Español de ACNUR. Tras el estallido de la violencia en Mali, ha habido una escalada dramática en el número de refugiados que han huido a Mauritania, Níger y Burkina Faso. Miles de personas sobreviven en campos en el desierto, en una región severamente afectada por la sequía y el hambre.

Día 29/12/2012 - 01.00h

Bajo el lema "Hay algo peor que morir de sed, morir por beber agua", el Comité español de ACNUR quiere llamar la atención sobre el problema de la falta de agua potable en el Sahel. Un drama que afecta a más de 400.000 personas pero muy especialmente a los niños. De hecho, el agua contaminada es el origen de las enfermedades diarreicas que causan la muerte de miles de niños al día en todo el mundo.

El objetivo del Comité español de ACNUR es conseguir 1 millón de litros de agua potable, y para ello ha puesto en marcha una campaña de captación de fondos en medios online y off line, así como en redes sociales. Una campaña que cuenta con la colaboración de Elena Anaya, Anne Igartiburu, Maxim Huerta y Marta Etura que han prestado su voz y su imagen desinteresadamente a esta iniciativa. Una campaña que invita a la solidaridad: www.yotambientengosed.org

El Sahel es una zona geográfica que se extiende al sur del desierto del Sahara, va de lado a lado del continente africano, y abarca total o parcialmente Senegal, Mauritania, Argelia, Burkina Faso, Chad, Sudán, Eritrea y Mali. Y ha sido en este último país donde la guerra abierta entre el gobierno y los radicales islamistas ha obligado a más de 400.000 personas a dejar sus hogares y buscar refugio en otras zonas más seguras del propio país o en países vecinos.

Desgraciadamente, la inmensa mayoría de estos refugiados son mujeres y niños. Los hombres han permanecido en sus hogares para cuidar del ganado y de los pocos bienes que poseen y están siendo víctimas de todo tipo abusos por parte de los rebeldes, cuando no asesinados.

En el Sahel hace falta de todo, pero lo más urgente es agua potable. Porque la desesperación empuja a los refugiados a beberla de cualquier lugar o a obtenerla a cualquier precio: incluso teniendo que recurrir a la prostitución. Agua que además, al estar contaminada, es el origen de las enfermedades diarreicas que causan la muerte de miles de niños al día en todo el mundo. Se necesitan más pozos, y cada vez más profundos, porque los acuíferos están agotados en la zona; hay que reacondicionar los existentes, construir duchas y letrinas, y en último caso, llevar camiones cisterna, que tienen que recorrer cientos de kilómetros por caminos sin asfaltar, que cuando llueve quedan completamente anegados. Y esto en un territorio donde la seguridad de los refugiados y los trabajadores humanitarios está amenazada por los grupos armados que operan en toda la región. Se necesita agua ya, porque el número de refugiados crece sin cesar y esto invalida incluso los cálculos más pesimistas. 

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