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Ben Affleck y su flequillo, en "Argo"

¿"Argo" de enchufe presidencial?

La ganadora de los Globos de Oro es, casualmente, la película favorita de 2012 de Obama. Repasamos otros casos de atinada (o no) cinefilia entre los inquilinos de la Casa Blanca

Día 15/01/2013 - 10.32h

Sin duda algún observador con ánimo conspiratorio y/o desconfiado habrá caído en la cuenta de que Argo, la película que se llevó el gato al agua en los Globos de Oro, es una de las favoritas del presidente Obama (del año, porque sus preferidas absolutas son las dos primeras partes de El Padrino). Además, Lincoln, ninguneada por el actual ocupante de la Casa Blanca, solamente ganó el premio al mejor actor dramático para Daniel Day-Lewis (que, curiosamente, fue lo que destacó Obama del filme de Spielberg). Coincidencias (o no) aparte, lo cierto es que la cinefilia de los presidentes de Estados Unidos es punto y aparte y, en ocasiones, sirven para entender algunas claves de sus políticas.

Por ejemplo, dos de los más mediáticos del siglo XX tenían debilidades cinéfilas significativas: la película de cabecera de Richard Nixon era la archipatriótica y solemne Patton (1970), mientras que a Kennedy le pirraba tanto la épica peplum de Espartaco (1960) que alguna vez se escapó a algún cine de barrio para verla de estrangis porque la sala de proyecciones de la Casa Blanca no admitía el formato del filme de Kubrick. Sobre las películas de Marilyn Monroe no se pronunció, tal vez porque prefería disfrutar de sus mejores interpretaciones y trabajos cara a cara. Más informales y entrañables eran los gustos de Franklin D. Roosvelt, fan absoluto de Shirley Temple y las de Walt Disney, sobre todo, Blancanieves (1937). Al menos, también era un fanático de Casablanca (1942), e incluso se dice que, durante la Segunda Guerra Mundial, envió copias de regalo a Winston Churchill y Charles de Gaulle.

Kennedy prefería ver el hoyuelo de Kirk Douglas en Espartaco antes que los de Marilyn (o eso decía para disimular)

Por su parte, Ronald Reagan, que estuvo cerca (en realidad no tanto) de enfundarse la mítica gabardina de Bogart en el Café de Rick, prefería disfrutar de su talento en El halcón maltés (1941). Otro icono clásico predilecto de los habitantes de la Casa Blanca fue Gary Cooper, idolatrado en Solo ante el peligro (1952) por Eisenhower y por Clinton, quien confesó haberla visto 17 veces cerca de su querido Despacho Oval. ¿Se sentiría así cada vez que llamaba a la puerta Monica Lewinsky?

George Bush devoraba tanques de palomitas viendo Independence Day

Por lo que parece, los Bush tampoco destacaron en cuestiones cinéfilas: el padre disfrutaba como un enano viendo a Will Smith noquear marcianos en Independece Day (1996), y al hijo se le saltaban literalmente las lágrimas cuando contemplaba a Kevin Costner en Campo de sueños (1989), ya que, según declaró a la revista Mental Floss, le recordaba los tiempos felices en los que jugaba con su papá al béisbol en el patio de su casa. En el fondo es un sentimental...

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