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Steven Soderbergh, 50 años de muy buen ver
Soderbergh, en su imagen más habitual: a pie de cámara

Steven Soderbergh, 50 años de muy buen ver

Uno de los cineastas más prolíficos, inquietos y polivalentes de Hollywood acaba de cumplir medio siglo de vida. He aquí nuestro homenaje de aniversario

Día 15/01/2013 - 14.08h

Aunque al mayor de Bowie, el cineasta Duncan Jones, le recuerde a Jeff Van Gundy (o viceversa), la verdad es que que Steven Soderbergh es inconfundible e inimitable. Y eso que el título de su ópera prima, Sexo, mentiras y cintas de vídeo (1989), sea uno de los más clonados, fotocopiados y manoseados de la historia del periodismo. Pero gracias a esta certera estalactica sobre el corazón también helado de la etnia yuppie americana (que se alzó con la Palma de Oro en Cannes, nada menos), al cineasta de Atlanta apenas le dio tiempo de cebar los primeros párrafos de su currículo con oficios variopintos y aprendizajes forzosos. Lo suyo fue llegar y besar el santo, colocándose ipso facto como «chico del póster de la generación Sundance», como proclamó el siempre chisposo Roger Ebert.

Kafka goes to Hollywood: caprichos de niño mimado...

Arrancados los 90, toda la bahía de cines en versión original esperaba el siguiente paso de la joven estrella. Y no les defraudó: después de unas dosis de Freud, ¿qué mejor que Kafka, la verdad oculta (1991)? Y, albricias, en blanco y negro y con Jeremy Irons poniendo cara de artrópodo en su laberinto. La cosa iba encarrilada, y Soderbergh tomó carrerilla con una serie de películas de bajo presupuesto y, ay, escasa repercusión: El rey de la colina (1993), Bajos fondos (1995), Gray's anatomy (1996), Schizopolis (1996), encima protagonizada por él mismo... Hasta que tanto fue el cántaro a la fuente indie que, finalmente, se rompió. Soderbergh se lanzó a la piscina con forma de riñón de Hollywood con Un romance muy peligroso (1998), aceptable thriller basado en la novela de Elmore Leonard emborronado por la justita química entre George Clooney y Jennifer Lopez. Aunque el filme no fue el éxito taquillero esperado, sí que puso en la órbita palomitera al cineasta, que siguió escalando posiciones con El Halcón Inglés (1999) y, sobre todo, su tríptico más exitoso: Traffic (2000), Eric Brockovich (2000) -que le valieron sendas nominaciones al mejor director en la edición de 2001- y la irresistible Ocean's Eleven (2001), rat pack lleno de encanto, glamour y sonrisas canallas.

La alegre pandilla de Billy Ocean, mina de oro para Soderbergh

Pero, ojo, Soderbergh aún no había perdido el pedigrí de autor, aunque el músculo independiente se había debilitado: Full Frontal (2002), Solaris (2002) y Bubble (2005) fueron experimentos más o menos gaseosos financiados con el éxito de las nuevas entregas de la pandilla de Danny Ocean, todo un bálsamo taquillero para nuestro hombre. Los años pasaban y el de Atlanta seguía sin bajar el pie del acelerador: rodaba de dos en dos (el díptico sobre el Che Guevara protagonizado por Benicio del Toro), tiraba de agenda para colar una estrella como Matt Damon en un proyecto «menor» como ¡El soplón! (2009) y simultaneamente lanzaba un biopic sobre una prostituta de lujo a la mayor gloria de Sasha Gray (The girlfriend experience).

Magic Mike, su último estreno (por cierto, ¿no decían algunos listillos que Matthew McConaughey tenía el Oscar en el bolsillo?)

Eso, sin olvidar sus colaboraciones televisivas y su pluriempleo como productor con vista de lince. Por ello, no es de extrañar que surgieran rumores, correveidiles y "quevieneellobos" sobre su retirada, promovidos por sus bromistas amigos, pero nanay: en los últimos meses llegaron a la gran pantalla tres cintas tan diferentes como Contagio, Indomable y Magic Mike, en el inminente Festival de Berlín presentará Efectos secundarios, protagonizada por su vieja amiga Catherine Zeta-Jones, y de postre estrenará en breve el telefilme made in HBO Behind the candelabra. ¿Quién dijo vacaciones? Aunque, hace unas semanas, anunció su intención de pedir tiempo muerto: «He terminado una etapa y me voy a reiniciar. Quiero centrarme más en el teatro, la literatura y las artes plásticas. El cine pasará a un segundo plano». Ya, que nos conocemos Steven...

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