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Presidentes USA de cine
Henry Fonda, padre espiritual de Daniel Day-Lewis en "El joven Lincoln"

Presidentes USA de cine

El "Lincoln" de Spielberg es el último eslabón de todo un subgénero de lo más variopinto: el presidencial basado en hechos reales (nada de políticos idílicos y de pura ficción, o ciencia ficción a veces). Repasamos algunos de los mejores momentos en los que el cine planta la cámara en la Casa Blanca y alrededores

Día 19/01/2013 - 09.57h

Pilotando un caza como si fuera un coche de choque en una feria, liquidando zombis a hachazos, fumigando una invasión alienígena, hipnotizando a la multitud con su mirada de rayos X... Si no existiera la Marvel o DC Comics, Hollywood no tendría ningún reparo en incorporar a su nómina de superhéroes a los diversos inquilinos de la Casa Blanca. Sin embargo, esta casta de semidioses tocados por la bendición de las urnas (o de las empresas petrolíferas y armamentísticas) también ha sido objeto de disección e inquisición por parte del séptimo arte. Que se lo digan al propio Abraham Lincoln, el presidente estadounidense más «rodado» e inmortalizado en celuloide. Su quijotesca y barbada figura ha aparecido en todo tipo de géneros y pelajes cinematográficos, desde la épica racista (eran otros tiempos...) de El nacimiento de una nación (1915) hasta la bizarra y pinchauvas Abraham Lincoln: Cazador de vampiros (2012). Entre medias, destaca la reválida de D. W. Griffith (Abraham Lincoln, 1930) y unos cuantos balazos de John Ford, como El caballo de hierro (1924) y, sobre todo, El joven Lincoln (1939), con un asombroso Henry Fonda, aunque no olvidemos La conquista del Oeste (1960). También asoma su chistera hiperbólica en Lincoln en Illinois (1940), Buffalo Bill (1939) y, más recientemente, en ese "CSI viejuno" a cargo de Robert Redford llamado La conspiración (2011).

Bruce Greenwood (centro), un Kennedy hecho y derecho en Trece días

Y es que la consigna es clara: presidente asesinado, aluvión de películas en su féretro. Véase Kennedy, presente (o de cuerpo presente) en La conspiración de Dallas (1992), estilo "metraje encontrado" en Forrest Gump (1994), en Trece días (2000) o, por supuesto, en el JFK (1991) de Oliver Stone, fascinante partida de billar a cien bandas que, para Amenábar (y algunos otros más), lograría el Oscar al mejor montaje de todos los tiempos. Claro que no siempre es necesario salir con los pies por delante, o el cerebro hecho pulpa de calabaza, o «morir con las botas puestas» (parafraseando al célebre filme de Raoul Walsh en el que, por cierto, aparecía Ulysses S. Grant). George Washington lució palmito pionero en Los inconquistables (1947), El capitán Jones (1959) o El patriota (2000); Thomas Jefferson puso ojitos de carnero degollado en La primera dama (1946), y de león asilvestrado (gentileza de Nick Nolte) en Jefferson in Paris (1994); Franklin D. Roosevelt, cara poquerística de Bill Murray en la inminente Hyde Park on Hudson (2012); Theodore Roosevelt apareció tan campante en El viento y el león (1975), El curioso caso de Benjamin Button (2006) o el mismísimo Ciudadano Kane (1941) -sin olvidar la simpaticona Noche en el museo, encarnado por el escandaleras de Robin Williams-; Eisenhower estuvo bien servido en Ike, Elegidos para la gloria y J. Edgar; y el venerable John Adams fue objeto de una magistral teleserie homónima made in HBO protagonizada por Paul Giamatti.

Paul Giamatti, de sombrerazo en John Adams

Entre los «modernos», Nixon es un caramelo tentador (de refilón en Todos los hombres del presidente, de cara en El desafío con un enorme Frank Langella o, cómo no, en el Nixon también de Oliver Stone, con un Anthony Hopkins en frenesí transformista).

Anthony Hopkins, con cara de pocos amigos y muchos chanchullos en Nixon

Casi tanto como Clinton (Definitivamente, quizás y en la "libre versión" de Colores primarios, con Travolta con el fajín estallado) o George W. Bush, en la órbita del inevitable Stone en W., y relajándose a la jamaicana con los pícaros de Dos colgaos muy fumaos: Fuga de Guantánamo. Y no obviemos su rango de "invitado especial" en los documentales bazooka de Michael Moore. En cuanto a Obama, aparte de sus imitadores en Saturday Night Live, algunos sermones reales aparecían de forma fantasmal en Mátalos suavemente, como mensaje subliminal con mala uva. En fin, como cantaba Bob Dylan en el verso más aplaudido de It's all right ma, «hasta el presidente de Estados Unidos alguna vez tiene que desnudarse». ¿Qué mejor sitio que en la gran pantalla, a vista de todo su electorado

Josh Brolin, un George Bush hijo muy ajustado y apurado en W.

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