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10 variaciones sobre Anthony Hopkins
Hopkins, metamorfoseado como Hitchcock

10 variaciones sobre Anthony Hopkins

El actor galés ya había dado sobradas muestras de su camaleonismo antes de Hitchcock. Ahí van unos cuantos ejemplos de su grandeza y versatilidad

Día 03/02/2013 - 10.00h

El hombre elefante (1980). Aunque ya acumulaba una respetable filmografía a sus espaldas, fue su papel de samaritano doctor Frederick Treves en este peliculón de David Lynch (injustamente ninguneado en los Oscar de 1980) el que le abrió de un zapatazo las puertas del cine con mayúsculas. Luego vendría otro doctor, pero de un colegio muy distinto.

Hopkins (izquierda, claro), soberbio en la impactante película del "James Stewart de Marte"

 El búnker (1981). Años antes de El hundimiento, Hopkins ya se metió en la odiosa piel de Adolf Hitler en este telefilme «made in HBO» dirigido por el especialista George Schaefer, y que narraba los últimos días del tirano en su búnker de Berlín. Otra demostración de talento y pundonor interpretativo.

No importa el personaje o el medio: el galés siempre cumple

El silencio de los corderos (1991). Sin duda, el personaje al que Hopkins le debe un brazo, o una pierna, o el hígado (acompañado de habas y un bien Chianti, claro). Una exploración de la maldad seca y a la vez florida que le valió un incontestable Oscar. Repitió plato en Hannibal (2001) y El dragón rojo (2002).

Junto a la de Darth Vader, la máscara más maligna de la historia del cine

Tierras de penumbra (1993). El mismo año que  firmó otra clase magistral en Lo que queda del día, volvió con su viejo amigo Richard Attenborough en este biopic de C. S. Lewis, autor de Las crónicas de Narnia. Otro clinic de fundamentos y sentimientos, la mayoría dolientes.

En Tierras de penumbra firmó otro trabajo memorable, sin conservantes ni colorantes

Nixon (1995). Empieza el «baile de máscaras» para el galés con este show con el sello de Oliver Stone, disfrazado de crónica sociopolítica y con abundante «cancaneo» de rostros conocidos. Pese a todo, el camaleonismo de Hopkins le hace salir airoso del envite y pisar con garbo una Casa Blanca con goteras y grietas.

Con su mejor cara de malas pulgas para ilustrar el Watergate

Sobrevivir a Picasso (1996). El veterano James Ivory le pone en bandeja a nuestro protagonista una fritura malagueña algo indigesta y con guarnición de salsa rosa. Pero un poco de Hopkins siempre es mucho. Por cierto, el mismo año firmó Amistad, de Spielberg, su última nominación al Oscar. 

Tampoco el genio malagueño tuvo secretos para el genio galés

Titus (1999). Un tipo al que Lord Laurence Olivier ungió con la espada de Excálibur de las sagradas esencias shakesperianas no hizo ascos a esta exacerbada adaptación del Tito Andrónico por parte de Julie Taymor. La verdad es que para encajar estoicamente un azul lapislázuli en pleno rostro hay que ser un titán del séptimo arte. 

¿Avatar? ¿Braveheart? No, Titus

La mancha humana (2003). Si hablamos de camaleonismo, ¿qué decir de esta irregular adaptación de la obra de Philip Roth, donde un galés de pura cepa da vida a un... negro (con el alma bastante blanca, eso sí)? Al menos, sus elegantes vals tangueros con Nicole Kidman logran que el patio de butacas contenga la respiración, y casi el pulso. 

La cumbre del camaleonismo: hacer de negro sin parecer que eres blanco

El hombre lobo (2010). A sus setenta y pico años, a Hopkins no se le caen los anillos a la hora de ponerse a cuatro patas y untarse de crecepelo Amador de arriba abajo en este despendole licántropo donde la emprende a dentelladas con Benicio del Toro en un highlight final tremebundo. Es de esperar que su cheque fuese sustancioso, al menos. 

Antes de caer envuelto en el poderoso influjo de la luna llena en El hombre lobo

Thor (2011). Su majestuosa presencia, parche dorado incluido, como Odín es lo poco salvable de este festín empachoso servido por otro shakesperiano de pro, Kenneth Branagh. Por cierto, Hopkins también repetirá en la secuela, justo antes de ponerse en la piel de Matusalén en el Noé de Aronofsky. ¿Quién dijo jubilación?

Todo un dios sin ápice de crepúsculo, incluso tratándose de Thor

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