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Cuando los gánsteres dominaban la pantalla
La cuadrilla de "Gangster Squad", pidiendo guerra

Cuando los gánsteres dominaban la pantalla

A la mínima ocasión, el cine ha llenado su parcela de mafiosos de medio pelo, tipos duros y femme fatales actuando bajo dudosos, y muy actuales, códigos de conducta. Gangster Squad es el último eslabón de una cadena de oro que impregna el ADN del Hollywood más clásico. Ahí van algunas ráfagas maestras

Día 09/02/2013 - 10.00h

Si antes la vida imitaba a la mala televisión, como decía Woody Allen, seguramente ahora la ficción, televisiva o cinematográfica, no tendría bemoles de enfrentarse cara a cara a la realidad escupida a las páginas de política (ni siquiera sucesos) que nos salta a la cara cada día, como una garrapata de Alien. ¿O no dejarían a la altura moral del betún estos tipejos que últimamente desfilan caminito de los juzgados o tesorerías, a cualquier glorioso filme de serie B, y de la ganadería RKO, con abundancia de gabardinas humeantes, soplones tiralevitas, jueces corruptos, leyes secas, vendettas terribles pero en el fondo provincianas, trajes milimetrados y sombreros agujereados? Por eso, mejor echar la vista atrás con nostalgia bien medida. Como en la simpática y «pastichera» Gangster Squad, último capotazo que Hollywood ha lanzado a un subgénero cosido a sus letras desde que se llamaba Hollywoodland y, aunque los puristas separen con bisturí el cine gansteril del negro noir más zaino, tampoco merece la pena calentarse mucho los cascos sobre si fue primero la gallina o el huevo.

Humphrey Bogart es al género lo que John Wayne al western, o Mario Conde a la gomina...

Basta con poner un par de cimientos en el patio de butacas: la iniciática Scarface. El terror del hampa (1932), con ese manual de estilo ético tan en boga últimamente («en este negocio hay que seguir una regla para no meterse en líos: hazlo antes, hazlo tú, y sigue haciéndolo tú») y la seminal El halcón maltés (1941), el diamante maestro con el que se han cortado los patrones de medio subgénero. ¿Quién fue primero, el mafioso o el detective? Esta feliz nebulosa nos conduce a otro número áureo que domina cada sacudida eléctrica en la gran pantalla: su santoral. Porque, cuando asoman por el córner tipos como San Bogart, San Cagney o San Edward G. Robinson, sabes que alguien va a tener problemas. Y muchos. Si hay alguna duda, que cualquiera meta en un cubilete maravillas como Al rojo vivo, Los violentos años veinte, Contra el imperio del crimen (¿les suenan los «hombres G»?), Cayo Largo, Más dura será la caída (o el boxeo como vivero mafioso por antonomasia), El último refugio, El último gángster, Hampa dorada..., y remueva con firmeza el cóctel, aunque no demasiado fuerte no vaya a salir todo por los aires.

Una imagen vale más que mil balas: James Cagney y Jean Harlow en El enemigo público (1931)

Tampoco conviene confiarse si nos topamos con Lee Marvin con una cafetera cerca (ver Los sobornados, de Fritz Lang), a Sinatra y sus amigos de engañosa farra (4 gángsters de Chicago o La cuadrilla de los once), a Marlon Brando jugueteando con una naranja casi como hacía Maradona (su majestad El Padrino) o a Al Pacino piando cosas como «un favor puede matarte más rápido que una bala» (Atrapado por su pasado) o «cuando tienes el dinero, tienes el poder. Y cuando tienes el poder, tienes a la mujer» (El precio del poder). Y no digamos cuando descubrimos, en algún rincón oscuro, una ráfaga de viento procedente del pestañeo marca registrada de alguna femme fatale. Pero eso, seguramente, es otra historia.

El cine se podría dividir en a. C. y d. C. (antes de Corleone y después de Corleone)

En fin, que aunque el núcleo duro del cine gansteril se retrajo como un armadillo ante la llegada de los Corleone (igual que el cine en general), no es de extrañar que el séptimo arte siga engolosinándose con los códigos y clichés eternos del género, con variaciones tan sobresalientes y a veces innovadoras como Chinatown, Reservoir dogs, Dick Tracy, Los intocables, Muerte entre las flores, Uno de los nuestros («desde que tengo uso de razón, siempre quise ser un gánster»), L. A. Confidential, Donnie Brasco, La brigada del sombrero, Camino a la perdición, Sin City, American Gangster, Enemigos públicos, Mátalos suavemente... Y no hablamos de sucedáneos foráneos como la yakuza de Kitano, o la camorra de Gomorra y Romanzo criminale. Por falta de materia prima, que no quede. Vigilen las espaldas, por si acaso. Y las chequeras.

Variaciones sobre el tema en Dick Tracy, padre espiritual de Gangster Squad

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