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Crítica de «La mula»: Memoria sin uñas de la guerra civil

Si alguien cree que tiene problemas, que le eche un vistazo a la historia de esta película, "La mula", a la que ni su propio padre reconoce.

Día 10/05/2013 - 02.00h

No la quiere ni su padre, Michael Radford (que abandonó el rodaje y niega su autoría, de ahí que en los créditos la dirección la firme un tal Anónimo), ni tampoco su padrino, el Ministerio de Cultura, que le dio hace ya tres años un zapatazo por no haberse leído bien la memoria histórica..., que no es la "memoria" de Juan Eslava Galán, autor de la novela que sustenta la película basada en las experiencias de su propio padre durante la guerra civil.

Curiosamente, "La mula" narra las peripecias de un joven jornalero de Jaen, cabo acemilero y desarmado en el bando nacional, y que encarna el espíritu perplejo, accidental y descolorido de la mayoría de los que tuvieron que luchar en aquella guerra, y Anónimo se esfuerza en plasmar en un tono de comedia, desvaído de ideología y muy humano aquel sarcasmo sangriento entre vecinos y hermanos que por circunstancias y azares geográficos llevaron un uniforme que les decía a dónde debían disparar y qué balas tendrían que parar con él.

El personaje central lo interpreta de modo sorprendente, natural y fresco Mario Casas, cuyo premio al mejor actor en Málaga es más justo y tiene más valor que la medalla que le impone un Franco de pasitos cortos en el interior de la pantalla; y aún sería más justo si con él, hubieran premiado también a la mula Valentina, a su escudero Secun de la Rosa o a su Dulcinea María Valverde, más bien Aldonza Lorenzo.

Ese cruce de acentos, de intereses, de miserias y de metralla absurda, compone un retrato plausible de la guerra civil y absolutamente desapasionado de ideología y ardor guerrero; en cierto modo berlanguiano por lo que la mula tiene de vaquilla. No es raro que esta voluntad chocara con la historia oficial, pues ofrece una imagen real, bien perfilada en sus negros y grises, de lo que es la España de entonces o de ahora por más que le tracemos líneas y fronteras.

La conversión de Michael Radford (el de "El cartero y Pablo Neruda") en Anónimo parece ser que se debió a escasez de medios, aunque no es eso lo que brilla ahora en el resultado final de la película, pues da la impresión de gozar de muy buena salud visual y de un excelente tono general, o generalísimo. Todo está en su sitio, salvo Mario Casas, que está muy por encima de sus abdominales y hace un espléndido trabajo.

Calificación: ★★★ | Ficha de La mula Tráiler de La mula

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