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Crítica de «15 años y un día»: Padre, hija, nieto
Una escena de la película

Crítica de «15 años y un día»: Padre, hija, nieto

El cine de Gracia Querejeta siempre tuvo algo de húmedo, neblinoso, pensativo, añorante, y entró en coma hace seis años cuando Maribel Verdú reabría el negocio de su padre muerto, unos billares con siete mesas. Y ahora vuelve como en punto y seguido, también con Maribel Verdú pero en hija y madre: de un hombre solitario, puñetero y ex militar, y de un adolescente descarriado, confundido.

Día 07/06/2013 - 02.00h

El universo familiar, las relaciones entre padres e hijos, la adolescencia, la memoria y lo que se atrinchera y esconde en ella suelen ser la esencia de lo que podríamos llamar la "querejetariedad", algo así como un estado de ánimo que impregna buena parte del cine español de las últimas cinco décadas y del que Gracia Querejeta es hoy por hoy su mejor transmisora.

Hay perfiles en esa historia áspera entre abuelo y nieto, entre padre e hija, entre madre e hijo que aluden sin disimulo a todo ese crujir de huesos que le pone música a la familia "querejetiana" y que suele servir de espejo con vaho a cualquier familia.

La música de 15 años y un día es la que tiene que ser, y también su aire, su atmósfera, su tristeza..., lo que le altera un poco la envoltura al producto no es su música, sino su letra, pues hay algo en ella que en ocasiones rechina, algún diálogo, algún momento dicho, algún giro sobreexpresado que consigue envilecer, aunque sea levemente, la sobriedad de emociones y sentimientos marca de la casa. Y también su profundidad. Y así son los personajes, sobrios, lejanos pero cayéndote encima, y las precisas interpretaciones de Verdú, de Tito Valverde, Arón Piper y de esa mujer de cine negro llamada Belén López.

Calificación: ★★★ | Ficha de 15 años y un día Tráiler de 15 años y un día

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