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Crítica de «La cámara lúcida»: Humor corrosivo y lúcido
Una escena de la película

Crítica de «La cámara lúcida»: Humor corrosivo y lúcido

Con inocente habilidad, con un absoluto desprecio hacia el pudor y con un notable e inteligente sentido del humor, el autor Carlos Cañeque propicia con su lúcida cámara el sorprendente encontronazo entre el documental y la ficción.

Día 12/07/2013 - 02.00h

Con pertinentes retales de su anterior película, "Queridísimos intelectuales", en los que se muestran jugosos pensamientos y sentires de Fernando Savater, Rubert de Ventos, Javier Tomeo (impresionantes primeros planos, pero también últimos), Carrillo, Romà Gubern o Elena Ochoa, el director ensaya una pirueta mortal y entra en la pantalla con afanes protagonistas y voluntades surrealistas para darle una forma insólita a la historia de tres o cuatro personajes como pintados por Dalí pero susurrados por Buñuel que desentrañarán ese universo entre humorístico y patético del proceso de creación de la propia película (similar al que logró en su novela "Quién", premio Nadal) y donde se mezclan la cita transgresora (esa muñeca hinchable y esa conversación fresquísima con Luis García Berlanga) y el sarcasmo del arte, la actualidad, la religión, el fútbol y el sexo.

Carlos Cañeque afronta a pecho descubierto la osadía de una narración vulnerada, quebrantada, transgresora, corrosiva, plena de inteligencia y de sarcasmo, y convierte en un prodigio de sencillez lo que aparenta en la pantalla unas hilarantes dosis de presunción y altivez, cuando lo usual en la "autoría" es lo contrario, presumir de sencillez. Una película insólita, jugosa, jocosa y exclusiva.

Calificación: ★★★ | Ficha de La cámara lúcida

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