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Crítica de «Todas las mujeres» (????): Desenchufados
Una escena de la película

Crítica de «Todas las mujeres» (????): Desenchufados

Tiene gracia repasar el origen de una de las películas españolas que deja mejor regusto de entre las que llevamos vistas esta temporada: el proyecto nació para el cine

Día 18/10/2013 - 02.00h

«Todas las mujeres» tuvo una primera encarnación en los seis episodios de una miniserie de TV y ahora la vemos por fin debidamente acortada, eso sí, por su propio director (era el reciente caso también de la deliciosa «The Trip», otro recorta y pega de autor, en ese caso Winterbottom). No importa gran cosa que la planificación sea «en corto» y la textura un poco digital y la música no muy inspirada (ay, ese coito con música como de chill out...): lo fundamental es que el haberla tenido que hacer con menos medios parece una de las razones del éxito de la empresa. Por lo que han dicho en alguna entrevista, Mariano Barroso y Eduard Fernández han reconectado aquí con su vocación original, con la esencia de lo que les llevó a querer hacer cine: esta acaba siendo, así, su experiencia «unplugged», su película Dogma 95, y el presunto gozo que han (re)descubierto haciéndola se plasma sobre la pantalla en el trabajo de los actores y se transmite al espectador.

El protagonista es un hombre, Nacho, un veterinario casado con la hija de su jefe, un ganadero al que intenta dar un palo que se acaba revelando como un golpe imperfecto. Todo ello se explica en las primeras secuencias de forma un tanto liosa, para mejor agarrar al espectador in medias res... y nunca mejor dicho porque la cosa va de novillos robados. Temiendo las posibles represalias de su suegro, Nacho pide ayuda a una serie de mujeres, en lo que se van revelando como otros tantos movimientos en falso. Eso, el personaje, para Fernández el actor supone encerrarse en seis secuencias o bloques con cada una de ellas: debe ser por eso que sólo roba 5 novillos, si no la equivalencia entre las reses y la lidia de la media docena de mujeres daría para un chiste tonto (que ya se nos ha escapado).

Las actrices están generalmente a la altura del reto de tener delante a un Fernandéz superlativo: su Nacho es un retrato perfecto de un mentiroso compulsivo con dotes de seductor, pero que aparece aquí superado por la circunstancias. Este Nacho hundido y desvalido está a punto de parecernos gris pero siempre hay algo, un brote de vitalidad, de perversidad, de inteligencia, que ilumina su tortuoso interior. Al final, parafraseando a Duchamp, estamos ante un claro caso de novillero desnudado por sus presuntas pretendientes; y la lidia, o la psicoterapia, se revela fascinante.

Calificación: ★★★★

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