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Crítica de «Nymphomaniac» (??): La sopa del cocido
Una imagen de la película

Crítica de «Nymphomaniac» (??): La sopa del cocido

Hace ya mucho tiempo y películas que el mundo entero sabe que Lars Von Trier es un genio, a pesar de lo cual él se comporta como si realmente no nos hubiéramos enterado y hace unos esfuerzos hercúleos en demostrarlo.

Día 27/12/2013 - 01.00h

De tal modo, que ahora uno no sabe si acaba de ver la mitad de una película llamada Nymphomaniac o se ha comido la sopa, o sea, el primer vuelco, de un cocido. A saber lo que cada cual sacará de estas cucharadas de sopa, personalmente no he encontrado ni rastro del «compango», o acompañamiento cárnico y elemento pesado (chorizo, morcilla, tocino, y tal) que promete el pote de Lars von Trier.

Un hombre se encuentra a una mujer malherida en la calle; la lleva a su casa y ésta se decide a contarle la profusa historia de su vida sexual desde que era una niña... Y Von Trier hace una sorprendente mezcla de sexo oral (bla, bla, bla...) con la filmación de esas historias precoces, en las que, si uno no se equivoca, pretende toquetear los límites del juego, la lujuria, la moral, la carne y el espíritu, todo ello trufado de las ideas extravagantes del autor sobre la religión, el amor, la música y hasta Edgar Allan Poe. 

Cuesta un trabajo enorme entender lo esencial, el personaje de esa mujer empeñada en abrirse en canal ante un desconocido, que, milagrosamente, acepta con paciencia su papel de envoltorio de todo ese mundo sórdido derramado de un modo algo absurdo: el fresno es el árbol más bonito del mundo, el elemento secreto del sexo es el amor, o las diversas formas del anzuelo para la pesca del pez de río, metáfora que le deja a cualquiera cara de carpa.

Charlotte Gaingsbourg y Stellan Skarsgard interpretan a esta pareja de charla nocturna, aunque la carga visual de eso que se ha llamado «sexo explícito» se lo merienda la joven Stacy Martin (interpreta al personaje narrado) junto a Shia LaBeouf en un par de escenas de esto no hay quién lo pare... Se diría que Von Trier se esfuerza en las dos cosas: en ser extremo y prudente; al menos en el Volumen 1, que lo que se le haya ocurrido a este hombre en el segundo igual se nos cae en un pie y nos deja cojos, como esta crítica de no se sabe muy bien qué.

Calificación: ★★

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