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Las mejores películas de 2013, según la crítica de ABC
Fotograma de «La gran belleza»

Las mejores películas de 2013, según la crítica de ABC

Los expertos del diario escogen cuatro títulos que han marcado un año lleno de secuelas, de superhéroes y de cierres de salas de cine

Día 31/12/2013 - 14.26h

«La gran belleza»: Roma y punto final

por Oti Rodríguez Marchante

Sólo un golpe de nostalgia y la sensación de tiempo evaporado, como la del personaje de Jepp Gambardella, protagonista de La gran belleza, le permite ahora a uno poner por delante de todas las demás la hipnótica película de Paolo Sorrentino. Poner por delante es exactamente el mismo ejercicio que poner por detrás, aunque en el trance de elegir un orden, un canon, para la película del año, parezca menos penoso... Pongo delante «La gran belleza», pero sería incapaz de poner «detrás» las películas que en el 2013 me han gustado tanto como ella, y hablo de «Le Week-End», «De tal padre, tal hijo», «Searching for Sugar Man» o «La vida de Adèle».

La pincelada especial de «La gran belleza», que a mi juicio la sitúa al lado de esas películas que te contienen ellas a ti (en vez de tú a ellas, lo natural y en el mejor de los casos), consiste en que no te deja la sensación de haberte contado una historia, sino la de haberte untado un estado de ánimo. Sorrentino describe el paisaje de su pareja protagonista, Roma y Jepp Gambardella; el paisaje de su monumental y vistosa vestimenta y el del interior de sus almas, vencidas por el tiempo, por la pretensión malograda, por el paladar de lo bello mientras se desmorona y por el sentimiento de eternidad y un rato. No es difícil ver en esta película, en su narcótica visualidad, en el surrealismo de algunas imágenes barbitúricas, un aire al Fellini romano, aunque creo que su esencia está más próxima al «rosebud» de Charles Foster Kane, ese instante de una vida que le da sentido y que pesa tanto como el resto. Un elogio a la mirada distraída e inteligente a lo que ya no tiene futuro pero aún conserva algo deslumbrante en su presente. Una de esas películas que espera intacta a que te vuelvas a sentar ante ella.

«Antes del anochecer»: Madurez del cine y de la vida

por Federico Marín Bellón

Que cerrar una trilogía y seguir a la altura no es fácil lo sabe mejor que nadie Coppola. Salvando géneros y abismos, Richard Linklater culmina en 18 años su paseo romántico con la regularidad de un cometa y la minuciosidad de un relojero, recorriendo las horas del día aun a fuerza de manipular la traducción de sus títulos al español, del amanecer al anochecer. Lo que importa es su evolución vital, desde que sus dos jóvenes enamoradizos, Céline y Jesse, July Delpy y Ethan Hawke, tomaron aquel tren que partió hacia Viena allá por 1995.

El texano no ha necesitado lentes progresivas ni otros artificios para mantener la mirada independiente, mientras su cine maduraba y crecía hasta lograr que esta última (?) entrega sea, es noticia, la mejor de las tres. Con los mismos ingredientes -paseos, palabras y besos-, el menú de Antes del anochecer parece más rico y variado. La introducción de un postre arriesgado, la primera gran bronca de pareja, aporta toda una nueva gama de sabores. De su catálogo de reproches no asombra tanto su ingenio como la ecuanimidad de los argumentos. La guerra de los sexos termina en tablas, digamos, pero el cine gana con este retrato íntimo que Linklater regala a varias generaciones de seguidores, las que han envejecido a la par que él y las que, algo desacompasadas, han sabido apreciar su legado.

«Prisioneros»: La bestia que llevamos dentro

por José Manuel Cuéllar

Incomprensiblemente alejada de los focos, de los premios y de los flashes, Prisioneros ha pasado de puntillas, con poco eco popular pero con mucha aceptación en el ámbito cultural. No es de extrañar porque, más allá del habitual thriller de suspense, con policías, misterio e intensidad en la narración, el trabajo de Villeneuve llega más allá pues toca las profundidades del ser humano en situaciones críticas.

Es casi un tratado del corto sendero que conduce del bien al mal en momentos en que alguien ve cómo peligran sus seres queridos, su mundo se tambalea y desde ese instante saca el animal irracional e inquietante que todos llevamos dentro.

En ese aspecto, la película es impecable porque la sensación de desasosiego, de permanente acidez y de espina en la garganta es continua. La atmósfera de impotencia, de oscuridad y color ocre se cuela por todos los poros del espectador y la incertidumbre llega hasta un final abierto pero muy esperanzador, como un resquicio por donde se cuela el aire limpio.

Junto a todo esto sumen un importante elenco de actores, desde un excepcional Hugh Jackman, que debería estar en la carrera por los Oscar, pasando por el versátil Paul Dano y acabando con ese seguro de solvencia que es Jake Gyllenhaal, un actor que siempre da garantías de excelente trabajo.

En suma, una película de miras altas, un esbozo la barbarie sacado de las mismas entrañas, con sabor a bilis y a rencor, a profundo odio. Ese pozo hueco que tenemos dentro y que tan pocos conocen.

«Mapa»: Emblema del cine digital

por Antonio Weinrichter

El debut de Elías León Siminiani comparece en esta selección de fin de año por dos motivos. El primero es por sus calidades intrínsecas: tras varios notables cortos en los que jugaba con la enunciación en primera persona (como «Límites»), aquí extiende con fortuna la fórmula al más exigente terreno del largometraje: Mapa adopta, así, la forma de un vídeo-diario presidido por su omnipresente voz en «off». Ello configura un personaje sobre el que se juega todo el éxito de la empresa, pues el espectador debe aceptar la complicidad que le solicita el Elías de la película, lo que no es nada difícil, ni costoso: en sus mejores momentos, Siminiani consigue aquí lo que tantos otros intentaron en vano, convertirse en una especie de Woody Allen en versión digital.

Y esto último es el segundo motivo de la elección: las demás películas de mi lista, siendo alguna tan buena como lo es «Tabú», no sirven como emblema de ese cine digital, no industrial (o que borra, como quería la vieja vanguardia, el límite entre amateur y profesional) y gloriosamente libre -también para pensarse a espaldas del «público», aunque no necesariamente para rehuirlo-, que representa un futuro posible para el cine en esta era del post-celuloide.

El resto de la lista: «La vida de Adèle», «Gravity», «Django»...

Mientras Hollywood mira a los superhéroes del cómic como el seguro inmediato para que la industria del cine siga generando dólares sin descanso, los críticos de ABC se han parado a la hora de hacer repaso a lo mejor del año en producciones más pequeñas en presupupuesto pero enormes en lo que a transmitir sensaciones se refiere. «La gran belleza», «Prisioneros», «Mapa» y «Antes del anochecer» son la elección de cada una de las firmas habituales del periódico, pero podrían haber sido otras, como las que aparecen en la lista bajo estas líneas, elaborada con sus opiniones:

«La vida de Adèle», de Abdellatif Kechiche

«Gravity», de Alfonso Cuarón

«Searching for Sugar Man», de Malik Bendjelloul

«Django desencadenado», de Quentin Tarantino

«Blue Jasmine», de Woody Allen

«Le Week-End», de Roger Michell

Una familia de Tokio», de Yôji Yamada

«A puerta fría», de Xavi Puebla

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