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«Nos encerramos a escribir en una casita de Chinchón»

Eduardo Noriega firma con el director Santiago Tabernero el libreto de su última película, «Presentimientos», donde comparte protagonismo con Marta Etura

Día 22/01/2014 - 18.23h

La última película de Eduardo Noriega (Santander, 1973), «Presentimientos», que se estrena este viernes, no es una más en la carrera del actor. Firma el guión junto al director, Santiago Tabernero, a partir de una novela de Clara Sánchez. Un trabajo de tres años que define como «muy enriquecedor» y que en pantalla se plasma en la odisea de una pareja (Marta Etura es la coprotagonista) que intenta redefenir su relación durante unas improvisadas vacaciones con su hijo pequeño. Un viaje a la costa que experimenta un giro inesperado.

-¿Qué se va a encontrar el espectador que acuda a ver «Presentimientos»?

-Es una historia de amor, que trata la relación de pareja y cómo, si no entendemos que la pareja es algo vivo y cambiante, ese día será el primer día del fin de la relación. La película habla de amor, desamor, deseo, traición, secretos, rutina, de todo lo que envuelve a una pareja y qué estaríamos dispuestos a hacer con tal de salvar una relación que todavía queremos.

-¿Interpretar a un hombre normal y corriente puede ser más difícil que interpretar a un personaje más extremo?

-Sí, cuando alguien es extraordinario construyes el personaje en base a eso, y cuando le ocurren cosas extraordinarias, también. Porque es clara la reacción ante un acontecimiento. Un personaje más grisáceo, más del montón, tiene más dificultad. Cuando escribíamos el guión a veces pensábamos que el personaje de ella era mucho más jugoso porque estaba lleno de acciones, siempre estaba metida en líos, con un conflicto claro. Él es más pasivo en la novela, más contemplativo, hasta que toma la iniciativa y empieza a cambiar y a hacer cosas. Cuando escribíamos queríamos que los dos estuvieran compensados. Una cosa es leer, te metes en los pensamientos y reflexiones de un personaje, y otra es cine. No puedes sacar a un actor tres secuencias seguidas pensando. Había que encontrar acciones que definieran al personaje. Y así lo hicimos.

-Su personaje, Félix, se centra demasiado en su trabajo y descuida su relación de pareja. ¿Ha llegado a ocurrirle, que el trabajo le haya obsesionado?

-Obsesionar, no creo. He sido muy afortunado. Me podría llegar a obsesionar si no tuviera trabajo. Procuro tener mi parcelita diaria, por muy pequeña que sea, de desconexión, o de conexión con otras cosas, como familia, amigos, tiempo para mí, para desconectar de esas jornadas de rodaje o de promoción, que normalmente son muy largas.

-¿Cómo fue el trabajo previo con Marta Etura para generar la química necesaria?

-Marta y yo nos conocemos desde hace años. No habíamos trabajado juntos pero siempre hemos tenido muy buena onda. Por la manera de trabajar los dos nos entendimos perfectamente desde el primer día, desde el día de las pruebas. Fuimos a la Casa de Campo a hacer unas fotos, de la relación de ellos. A Santi [Tabernero, el director] le entusiasmaron tanto, porque eran espontáneas, hechas casi a nosotros mismos, que las incluyó en los títulos de crédito para hablar del momento en que se llevaban bien, eran felices, había chispa.

-¿Cómo es el trabajo con un niño tan pequeño como el que interpreta a su hijo?

-No es fácil trabajar con bebés. No es el lugar para un bebé, definitivamente. Al bebé sólo puedes tenerlo cuatro horas en un rodaje, se contrató a dos hermanos gemelos para que pudieran estar cuatro y cuatro horas. Tuvimos la mala suerte de que estaban enfermos casi siempre: fiebre, vómitos, diarreas, llantos. Luego, en la película, están genial y están clavados, pero costaba mucho rodar con ellos sin que estuvieran llorando. Es un poco horrible rodar con un niño porque un niño no sabe que está trabajando. Siempre había una chica ocupándose de él, estaban los padres cerca. Yo procuraba pasar tiempo con el bebé, no solo «motor y que me den el bebé», sino que los tiempos muertos del rodaje los pasaba con el niño, jugando en una habitación, procurando que no estuvieran su madre ni la cuidadora porque solo querían ir con ellos. Procuraba ganarme la confianza del bebé. Y el bebé está fenomenal en la película.

-¿Cómo fue el proceso de adaptar la novela de Clara Sánchez?

-Tres años de escritura, intermitentemente, porque tanto Santi tenía proyectos en la tele como yo hacía películas, pero nunca dejamos de estar conectados con «Presentimientos». Literalmente ha sido un guión escrito a cuatro manos, con los dos ordenadores enfrentados. Nos hemos «pegado» por tiempos verbales, «pegado» en el mejor sentido. Ha sido un viaje fabuloso, muy enriquecedor para mí. El trabajo que hago con mis personajes lo he hecho con cada uno de los personajes. Un trabajo de interiorización, de buscar las motivaciones de cada personaje, para que no solo fuera el guionista que escribe el camino o las acciones, sino que hubiera una lógica también emocional. Que el personaje tirase de nosotros, no solo nosotros de él. Ha sido un viaje fabuloso con Santi, en una casita de campo en Chinchón, escribiendo encerrados. Él ponía el cocido a hacerse por la mañana, escribíamos con los efluvios del cocido, y oíamos bandas sonoras, hablábamos de cine. Cuando empezamos prácticamente no había producción, infraestructura detrás, ni una fecha de entrega. Ha sido un proceso muy libre, no sabíamos a dónde nos iba a llevar esta aventura, no había presiones externas. Ha sido un trabajo muy fructífero, del que estoy muy satisfecho.

-El siguiente paso sería dirigir...

-No, no necesariamente. No, es muy complicado dirigir y sufren mucho los directores, envejecen muy rápido. No me importaría repetir esta experiencia de guión. También he estado muy protegido por Santi, que es amigo, es experimentado como guionista; con una novela que nos enmarcaba claramente hacia dónde debería ir la historia; con su dificultad, el hecho mismo de adaptar una novela, porque no tiene nada que ver una novela con el género cinematográfico. Pero con unas condiciones favorables o parecidas no me importaría repetir la experiencia. Dirigir no me lo planteo por ahora. Igual algún día tengo alguna historia que necesito imperiosamente contar e igual sí me lanzo. Por ahora, quiero seguir trabajando como actor.

-¿Cómo valora iniciativas como la Fiesta del Cine, o los descuentos de los miércoles?

-Creo que cualquier iniciativa que acerque el público a las salas es interesante. Obviamente no se puede bajar el precio a 3 o 4 euros diariamente porque no se sostendría la industria. 9 euros posiblemente sea demasiado caro. Si se baja un poquito el IVA y las exhibidoras bajan un eurito, estamos en torno a los 7 euros. Creo que sería un precio más que aceptable. Lo que pasa es que la gente seguirá pensando que es caro si lo comparamos con una bajada ilegal por Internet, que vale cero. Entonces sí. Pero las cosas tienen su precio, y para que sobreviva la industria cinematográfica, musical y literaria es necesario cortar la piratería. Estos descuentos vienen bien para recuperar el hábito en gente que había perdido la costumbre de ir al cine. La experiencia que te da el cine no es comparable a la que te da Internet, ni siquiera a una buena pantalla en casa, esa es mi propia experiencia. Es verdad que hay toda una generación de jóvenes que nunca han ido al cine y va a ser difícil llevarlos. Está claro que el modelo está cambiando, que la crisis económica y de modelo afectan al cine y seguramente el cine como lo entendemos hoy en día acabará desapareciendo o mutando en otros formatos, móviles. Pero todavía quedan varias generaciones que seguimos disfrutando con el cine, hay que fomentarlo. La bajada del IVA es importante, no convertir el cine y la cultura en un artículo de lujo.

- ¿Es optimista?

-Me cuesta ser optimista pero me empeño en serlo. En todo el mundo ha caído el cine, no sólo en España y no sólo el cine español. Pero sigo confiando en las historias. Si haces una historia que toque, que emocione, que dé que pensar, que te enganche, estoy convencido de que se acabará viendo.

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