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Crítica de «¿Qué hacemos con Maisie?» (***): Huérfanos con padres separados

La interpretación de la pequeña Onata Aprile es el As en la manga de esta película, tan cristalina, tan natural y tan lejos de la menor afectación melodramática que consigue templar el hervidero sentimental que contiene

Día 24/01/2014 - 02.49h

Han cambiado las circunstancias, pero no la esencia de lo que contaba hace más de un siglo Henry James en "Lo que Maisie sabía", y, ahora, los que vacían de valor la vida de esa niña, sus padres separados, son una estrella de rock (Julianne Moore) y un marchante de arte (Steve Coogan). La cámara se mantiene enfocada al primer plano de esa niña que vive la irresponsabilidad de sus progenitores y se percata de su condición de piedra para que se la tiren el uno al otro.

El acento lo ponen los directores de ¿Qué hacemos con Maisie?, Scott McGehee y David Siegel, no tanto en ese circo de tres pistas que suele ser la custodia compartida, como en el dibujo y coloreado de ese lugar común de una niña vaciada y sin corona a la que constantemente llaman princesa, pero que aprende a ahormarse a sus circunstancias y desarrolla una natural y poderosa arma: entender el mundo.

La interpretación de la pequeña Onata Aprile es el As en la manga de esta película, tan cristalina, tan natural y tan lejos de la menor afectación melodramática que consigue templar el hervidero sentimental que contiene, pues su mirada es a la vez el acelerador y el freno del drama, y también el embrague para mostrarnos otro mundo adulto posible, el que descubre en las nuevas parejas de sus padres (Aleksander Skarsgard y Joanna Vanderham), también víctimas como ella del profundo egoísmo de esos dos seres tan inaguantables, desconsiderados y parecidos. Una película bien contada y controlada, que despide un cierto aire "indie" aunque sólo sea por las trazas de Julianne Moore.

Calificación: ***

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