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La maldición del Oscar de 2006: Seymour Hoffman y Heath Ledger, muertos por sobredosis
Seymour Hoffman trató de ayudar a Ledger; ambos combatieron sin éxito su adicción a las drogas

La maldición del Oscar de 2006: Seymour Hoffman y Heath Ledger, muertos por sobredosis

El primero se llevó la estatuilla por «Capote»; el segundo era candidato por su papel en «Brokeback Mountain»

D�a 05/02/2014 - 14.32h

5 de marzo de 2006. Teatro Kodak. Los Ángeles, California. Ceremonia de entrega de los premios Oscar. Llega uno de los momentos culminantes de la noche: se anuncia el nombre del ganador en la categoría de mejor actor. Los candidatos son Philip Seymour Hoffman, por Capote; Heath Ledger, por Brokeback Mountain; Joaquin Phoenix, por En la cuerda floja; David Strathairn, por Buenas noches y buena suerte; y Terrence Howard pror Hustle and flow. Vence Seymour Hoffman, que concurría por primera vez.

Casi ocho años después, los dos primeros han muerto en trágicas circunstancias, sus vidas extinguidas por culpa de las drogas. Ledger fallecía el 22 de enero de 2008 por culpa de un cóctel fatal de sustancias como diazepam, oxicodona y doxilamina. Fármacos prescritos para cuadros de insomnio o ansiedad. La autopsia determinó que la muerte había sido accidental, aunque motivada por el abuso de los ansiolíticos y analgésicos. En el caso de Seymour Hoffman, hallado con una jeringuilla en su brazo, los investigadores tratan de determinar si consumió un tipo de heroína adulterada, 100 veces más potente que la morfina.

En 2007 Ledger confesaba en una entrevista a «The New York Times» que apenas pegaba ojo por las noches. «La semana pasada probablemente dormí una media de dos horas cada noche. No podía dejar de pensar. Mi cuerpo estaba exhausto y mi mente seguía funcionando», describía, antes de explicar a qué tipo de medicamentos había recurrido para intentar conciliar el sueño.

Medicamentos que eran sólo la punta del iceberg. Cuando tocaba fondo, Ledger recurría al alcohol y a drogas más duras, como la heroína, de acuerdo con una fuente citada por Pop Dust que conoció a ambos intérpretes. Según esa misma fuente, Seymour Hoffman intervino para intentar sacar a su colega de la espiral a la que había caído, a petición de allegados del propio Ledger.

«Aunque Heath recayera, Phil nunca tiraba la toalla con él. Sentía mucho respeto por el talento de Heath y realmente quería verle triunfar. Cuando murió, le rompió el corazón. Vio mucho de él mismo en Heath», explica la fuente, que detalla que Ledger fue tan solo uno de los muchos colegas en problemas a los que Hoffman «acogió bajo su ala».

No es de extrañar que el neoyorquino se viera reflejado en el australiano. Combatía sus propios fantasmas y trataba de superar sus adicciones. Las cosas se habían torcido en los últimos meses. Su ex pareja le había instado a dejar su casa hasta que no volviese a dejar las drogas. Hoffman había vuelto a acudir a rehabilitación pero algo no funcionaba. En los días previos a su muerte su comportamiento fue errático. Protagonizó escenas bochornosas en un vuelo Atlanta-Nueva York.

TALENTOS ATORMENTADOS

Un talento muy por encima de la media y almas atormentadas. Poderosos puntos en común entre ambos actores, por más que mediaran 12 años de diferencia entre ellos. Cuando Ledger comienza a despuntar en el año 2000, Hoffman ya había trabajado con directores de la talla de los Coen, Paul Thomas Anderson, Anthony Minghella y Todd Solondz.

De Ledger se esperaba mucho. No en vano ganó el Oscar de forma póstuma, un par de meses después de fallecer, por su magistral interpretación del Joker en El caballero oscuro. Seymour Hoffman, aunque a menudo receptor de papeles secundarios, estaba considerado como uno de los mejores (sino el mejor) de su generación. Tenía una estatuilla, pero su rol en The master mereció idéntico reconocimiento.

Ambos cruzaron los dedos en 2006, mientras aguardaban a que se desvelara el ganador del premio que otorga reconocimiento definitivo en la industria y un hueco en la posteridad. Sonrió Hoffman. Sus destinos les deparaban finales amargos y abruptos. Muertos demasiado pronto, cuando todavía podían brindar grandes alegrias a los amantes del cine.

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