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Crítica de «Pussy Riot: una plegaria punk» (**): casposa protesta
El grupo Pussy Riot, protagonista del documental

Crítica de «Pussy Riot: una plegaria punk» (**): casposa protesta

Hace pensar más en ese minuto de gloria que en un verdadero valor argumental en la protesta contra Putin

D�a 07/02/2014 - 12.10h

Hay cierta neblina en todo este asunto. No es tanto en el documental, que toca varios frentes y ninguno entrando a saco, sino en la historia en sí. Huele a protesta casposa: esas continuas sonrisas a las cámaras, a las plumas, un cierto «mira flash qué guapa soy», que hace pensar más en ese minuto de gloria que en un verdadero valor argumental en la protesta contra Putin aunque, sin duda, se requiera valor para ponerse frente a un tipo que destila una mirada altamente peligrosa.

El documental tiene un valor nostálgico pues desde fuera este Moscú actual nos recuerda al Madrid antiguo de las protestas antigrises contra el poder establecido, escenas en blanco y negro que ahora se ven reflejadas en otro país y que en la letanía nos parece añejo. Más allá de los hechos en sí, que reproduce poco del movimiento y se centra más en un juicio que tuvo más de candilejas que legalidad en sí, todo tira a parafernalia, a luces y focos, a un espectáculo torpemente amasado para configurar una moda de cinco segundos que caerá en el olvido con prontitud.

Hasta los pasamontañas tienen un pronto retro. No llega a la genial escena del Ku Klux Klan de Tarantino en Django desencadenado (un soplo de inspiración inmortal), pero por ahí le anda, eso sí, en plan mucho más cutre y de andar por el Kremlin.

Calificación: **

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