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Crítica de «Alabama Monroe» (***): Pura melodía del drama

Un zumo casi perfecto de todas las frutas melodramáticas, romanticismo, música, píldoras de tiempos felices... la vida y la muerte

Día 14/02/2014 - 10.10h

Con el melodrama pasa lo contrario que con la cuchillería, y cuánto menos afilada está, más corta la carne doliente del espectador... No suele ser fácil ni eficaz y ni siquiera recomendable, por lo tanto, quitarle grosería al filo de un melodrama. Alabama Monroe es un zumo casi perfecto de todas las frutas melodramáticas, romanticismo, música, píldoras de tiempos felices, pasados, con la enfermedad, la entrega, la distancia, la felicidad compartida, rota, la vida y la muerte... La historia de una pareja contada por los destiempos de su vida común, desde la luminosidad de su encuentro hasta las tinieblas que les salen al paso.

Su director, Felix Van Groeningen, da con los actores ideales para hacernos purgar su melodrama, Veerle Baetens y Johan Heldenbergh, una vitalista y encantadora chica que se tatúa en la piel la felicidad del momento y luego, en la desgracia, la maquilla y disimula, y un músico de bluegrass que toca el banjo y esgrime una idea de la vida un tanto zapateriana. El guión es eficaz, de tajo grueso, que invoca, primero, todos los cebos del género (incluido el de la grave enfermedad), para después irse convirtiendo en un potente foco de luz que arranca y atrae a todas las polillas de nuestra oscuridad ideológica actual, el aborto, la religión católica, la eutanasia, la espiritualidad o el suicidio.

A pesar de sus anzuelos, Alabama Monroe es una película muy impactante (es tensa e intensa como las cuerdas de ese banjo), y la entrega física, emocional y musical de sus protagonistas anima a tragarse el cebo y disfrutar con sus padecimientos. Anima al desánimo, digamos. La melodía del drama sin tapujos, sin cuartel y con una banda sonora que es como un dedo frío en la nuca.

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