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Crítica de «La segunda mujer» (***): La familia unida

Desvela gradualmente el sistema de alianzas, secretos y tabúes, más vigentes en este tipo de familia que en el más «desestructurado» modelo europeo

D�a 14/02/2014 - 10.03h

La primera secuencia de La segunda mujer muestra una típica ceremonia de boda en un pueblito de la comunidad kurda de Turquía. Pero la verdadera parte antropológica de la película comienza después, en la casa vienesa en donde vivirán juntos los desposados (que no son los que parecían al principio) y el resto de la familia, siempre numerosa como suelen ser las de los inmigrantes ya establecidos. Es a partir de entonces cuando se desvela gradualmente el sistema de alianzas, secretos y tabúes, más vigentes en este tipo de familia que en el más «desestructurado» modelo europeo.

El director Umut Dag, criado en una familia kurda afincada en Viena, sabe de lo que habla y así sentimos el raro privilegio de asomarnos a lo que normalmente sería una casa cerrada para un occidental. Dag fue también discípulo de Haneke pero no ha heredado su gusto por el escalpelo: su mirada prefiere recalar del lado del humanismo («todos tienen sus razones», que diría Renoir) y de la observación discreta de sus personajes.

La alianza entre las dos mujeres de un hombre ya mayor a que alude el título es sin duda el aspecto más llamativo de la trama (lo otro, los recelos de los cuñados ya lo tenemos más visto); la previsible crisis de su amistad revela el precio a pagar para mantener la apariencia de unidad familiar.

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